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lunes, 8 de octubre de 2012

Cataluña, América y la Hispanidad (V)


Primera Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña


En el siglo XVIII los viajes de investigación a las regiones de ultramar se multiplican y además amplían sus objetivos, de tal manera que hablar de Ilustración es relacionarla inexorablemente con viajes. España organizó su viaje de exploración al Pacífico y el Atlántico Sur en el navegante y explorador italiano Alejandro Malaspina.

LOS SOLDADOS DE NOOTKA: TROPAS COLONIALES ESPAÑOLAS EN CANADA A FINALES DEL SIGLO XVIII.

Cuando España estableció un puesto permanente en Nootka en 1790, envió allí una compañía de guarnición, la Primera Compañía franca de Voluntarios de Cataluña. Este fue el primer grupo relativamente importante de europeos que llegaba a la isla de Vancuver con el propósito de permanecer en ella durante más que una temporada. Militarmente hablando, esta unidad fue la primera apostada en lo que hoy es la Columbia Británica, y construyó la primera fortificación al estilo europeo -una batería de artillería- en lo que hoy es la costa canadiense del Pacífico.

El establecimiento de Nootka desencadenó una crisis que estuvo a punto de provocar una guerra entre Gran Bretaña, España y Francia. Afortunadamente, prevaleció la templanza. La solución diplomática a la crisis de Nootka, resuelta en Europa, preveía que la plaza debería evacuarse puesto que nadie deseaba ir a la guerra. Pero en el interin, los Voluntarios Catalanes sirvieron en Nootka durante varios años, luego remplazados por una escuadra de 19 hombres bajo el mando de un sargento de la Compañía de San Blas, que la evacuaron al retirarse finalmente en 1795.

LOS VOLUNTARIOS DE CATALUÑA.

Este cuerpo colonial se formó en abril de 1767, como una compañía independiente. Sus 4 oficiales, 4 sargentos, 2 tambores y 94 cabos y soldados fueron destacados del Segundo Regimiento de Voluntarios de Cataluña, en Barcelona. El Segundo regimiento metropolitano había sido reclutado cinco años antes en la montañosa provincia de Cataluña, al nordeste de España, vestido y equipado conforme al tradicional estilo de los Migueletes, unidades de infantería ligera de montaña. Como resultado, la nueva Compañía asumió las tradiciones del 2º Regimiento. Aunque formada en 1767, la colonial Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña reclamaba su precedencia desde 1762, fecha de creación del 20 Regimiento, y llevaba el mismo uniforme azul con divisa amarilla y botones en plata. Hubo variaciones en algunos detalles, como se verá más abajo.

La nueva Compañía Independiente estaba originalmente prevista para servir en La Habana, pero se juzgó más urgente la necesidad de tropas en Nueva España y los Voluntarios Catalanes zarparon de Cádiz, a finales de abril, con destino a Méjico. Tras una escala en La Habana, desembarcaron en Veracruz en agosto y marcharon al interior del país. El cuerpo fue destinado a Tepic pero poco después sería empleado en la expedición de Sonora, donde encontraron a otra unidad colonial catalana: los Fusileros de Montaña.

En 1769, un destacamento de Voluntarios de Cataluña exploró la Alta California (actual estado de California, Estados Unidos), colaborando en la construcción de San Diego y Monterrey, y formó parte de la expedición que descubrió la Bahía de San Francisco en octubre del mismo año.

El 12 de noviembre de 1772 se enviaron instrucciones desde España para fusionar las dos unidades catalanas en un único cuerpo de dos compañías de Voluntarios de Cataluña. De acuerdo con ellas, las dos compañías fueron organizadas a principios de 1773, consistiendo cada una de 3 oficiales y 80 hombres. En adelante, la unidad fue definitivamente incluida entre las tropas coloniales regulares de Nueva España.

Guadalajara se convirtió en la base de las dos compañías catalanas, alternándose en el servicio de las provincias fronterizas hasta que una era relevada por la otra, mientras que la compañía que quedaba en Guadalajara aportaba pequeños destacamentos a San Blas y Real del Monte. Otros fueron enviados para la exploración de la Alta California junto a la caballería presidial. Las misiones se sucedían y, paulatinamente, los Voluntarios de Cataluña se convirtieron en una verdadera unidad colonial.

A finales de agosto de 1789, la primera compañía permanecía tranquilamente en Guadalajara cuando se recibieron órdenes de Ciudad de Méjico para que preparasen su marcha a la base naval de San Blas, con vistas a una expedición al Pacífico Norte. Mandaba la Primera Compañía el Capitán Pedro Alberni, que tenía algunos hombres enfermos y el equipo en deficiente estado para acometer tal expedición. Finalmente rehecha, a falta de un oficial que quedó enfermo, la compañía partió hacia San Blas el 2 de enero de 1790. El Capitán Alberni y su compañía embarcaron en la fragata Concepción, al mando del Teniente de navío Francisco Eliza, que zarpó el 3 de febrero hacia Nootka, junto con el San Carlos y la Princesa Real.

El 25 de marzo, la Concepción y el San Carlos anclaron en Nootka. Pronto desembarcaron 80 hombres que comenzaron a trabajar en la reparación y mejora de los barracones, empalizadas y plataformas de los cañones que había construido el Capitán Martínez el año anterior. Hacia mediados de abril, una batería de artillería dominaba la entrada a la Ensenada de Nootka desde una posición eminente. Se la llamó Batería de San Miguel. La Princesa Real permaneció anclada en la rada y, eventualmente, fue utilizada como batería flotante de apoyo a la de San Miguel. Estos trabajos defensivos eran relativamente modestos, como en todos los presidios españoles al norte de Méjico. Ninguno habría resistido el asedio de una fuerza europea bien equipada, más bien eran avanzadillas de la civilización en los confines del mundo conocido. La batería de Nootka habría podido oponerse a mercantes bien armados o, incluso, a una fragata. Realmente, era todo lo que se necesitaba ya que la probabilidad de encontrarse con grandes buques de línea en el Pacífico Norte era muy remota en aquella época.

Las fortificaciones fueron diligentemente mejoradas y, para el verano de 1792, los cañones de la batería de San Miguel estaban protegidos por troneras y también se había construido una nueva residencia de paredes encaladas para los oficiales, mucho más confortable. Un interesante aspecto de las fortificaciones de Nootka era la ausencia de defensas contra fuerzas de desembarco de posibles enemigos, o contra indios que atacaran por tierra. Claramente, el ataque terrestre no fue considerado como la mayor amenaza.

La estancia de la Compañía de Voluntarios Catalanes en Nootka -quizá uno de los puestos más desamparados del Imperio español- fue muy dura. La zona era de gran belleza escénica, pero ello debía ser de poco consuelo para unos hombres acostumbrados al cálido y soleado clima de Méjico mientras soportaban el frío, el viento y las lluvias invernales en la Isla de Vancuver. No todos se quedaron en Nootka, algunos fueron destinados para servir como marines a bordo de los veleros que partían de exploración mucho más al Norte. En 1791, 10 soldados fueron destacados para la expedición de Francisco Eliza a Mount Elias (Alaska). En 1792, un grupo de catalanes fue repartido en varios buques: 45 en la Princesa, 43 en la Virgen de Aranzazu, 40 en la Activa y 3 en la Mexicana. A pesar de las precauciones tomadas para el servicio en el Pacífico Norte, muchos perecieron de enfermedades y otros desertaron. En marzo de 1793, la compañía había quedado reducida a 59 soldados, frente a su máximo de 80. De ellos, solo había 14 en Nootka, los supervivientes de un crudo invierno que había causado muchas víctimas; los demás estaban a bordo de los buques de exploración. De todas formas, llegaron órdenes de reducir la guarnición de Nootka a 10 hombres, bajo el mando del Alférez Saavedra. En junio de 1794 fueron relevados por un contingente de 19 soldados, bajo el mando del Sargento segundo Virueta, destacados de la compañía de guarnición de la base naval de San Blas, en Méjico.

Así concluyó el periplo de servicio de los Voluntarios de Cataluña en lo que hoy es una parte de Canadá. La unidad fue destinada después en California y, más adelante, contra los insurgentes en Méjico. Allí recibió los elogios del Virrey Calleja por su buen historial de servicios, pero había perdido demasiados hombres y poco después de 1815, fue amalgamada entre otras unidades realistas.

El servicio de guarnición en Nootka de los 20 hombres de este cuerpo terminó el 23 de marzo de 1795. De acuerdo con las formalidades previstas por los comisionados hispano-británicos, las últimas tropas españolas embarcaron en la Activa y abandonaron el Estrecho de Nootka a sus originales dueños; el jefe Maquina y sus súbditos.

Cataluña, América y la Hispanidad (IV)


Joan Orpí





Joan Orpí, nacido en Piera (Barcelona), fue nombrado en 1631 capitán conquistador y gobernador de todo el territorio que ocupase en la Venezuela occidental por la Real Audiencia.

Tras cruzar un inmenso territorio plagado de las tribus más dispares, estableció en el Valle de Aragua un fuerte que denominó San Pedro Mártir. Desde allí soñó fundar la “Nueva Cataluña” y buscó un emplazamiento para establecer la capital. Finalmente, le concedió a uno de sus capitanes una planicie que le había sido adjudicada, Vicente Ferrer, y allí se erigió “Nueva Barcelona”. La nueva población se inauguró oficialmente el 19 de diciembre de 1637 y su cense recogía doscientas almas.

En 1638, Orpí retrocedió hacia las tierras de los palencos, antiguos enemigos, para fundar “Nueva Tarragona”. Su sueño era fundar una red de ciudades que emularan la vieja Cataluña. Pero la presencia de holandeses, que habían ocupado Curaçao, lo obligó a desviar sus fuerzas e impidió que su proyecto progresara. Aun así, en sus escritos solía firmar: “Juan Orpí, conquistador de la nueva Cathaluña”.

En 1645 moría y en 1671 su “Nueva Barcelona” fue trasladada a la ribera pasando a llamarse simplemente “Barcelona”.

domingo, 3 de junio de 2012

Cataluña, América y la Hispanidad (III)



Castilla mantuvo el  “monopolio” en la conquista de América y su comercio. Aunque históricamente sigue habiendo un misterio, pues no se conoce un solo texto leal que prohibiera a los catalanes ir a América, excepto el testamento de Isabel la Católica, que concede a los castellanos ese usufructo. En las Cortes de Monzón de 1585, los procuradores se quejaron de que no se permitiera a los naturales de Aragón trasladarse a las Indias. Pero, como propone el historiador Xavier Fàbregas:

“Quien se proponía pasar a América había de vencer una serie de dificultades, pero si actuaba con tozudez acababa llegando. El monopolio representaba más un freno colectivo que un freno individual”.

Un profesor de la Universidad de Barcelona, Carlos Martínez Shaw publicaba, en 1981 Cataluña en la carrera de las Indias, en la que demuestra que Cataluña no fu excluida del comercio con América. Un ejemplo de esta permeabilidad es Joan Claret, un comerciante del siglo XVI, que financió expediciones a América, o la familia Cabot, que fue extendiendo sus redes comerciales por el Río de la Plata.

A finales del siglo XVII se producirán las primeras oleadas de misioneros catalanes y en el siglo XVIII, de comerciantes, gracias a las disposiciones de Carlos III. Pese a que los nacionalistas desprecian el Decreto de Nueva Planta, fue gracias a él que se eliminaron las aduanas interiores y así los súbditos de la Corona de Aragón pudieron acceder a comerciar a América.

Un importante detalle histórico a tener en cuenta es que los catalanes, con los años, se habían adueñado del negocio de las aduanas interiores establecidas por Castilla. Los beneficios que suponían para Cataluña eran sustanciosos. Por eso, luchar contra el monopolio de Castilla implicaba también sacrificar el gran negocio que las aduanas suponían.

También se podría explicar la ausencia proporcional de catalanes en los dos primeros siglos de la conquista de América no tanto por las dificultades sino por el espíritu catalán de aquel entonces. Jaume Vicens Vives propone en su Notícia de Catalunya que:

“Los catalanes del siglo XVI habían llevado una existencia mediocre, pero satisfecha. Castilla había tomado la dirección de los asuntos externos de la Monarquía hispánica, tanto en la vieja Europa como en la nueva América, y ningún catalán le regateaba los laureles de la gloria ni el peso asfixiante de la lucha. Los burgueses barceloneses se entretenían en sus torres de la cercanía urbana, atendían a la mejora del cultivo de la tierra y se embarcaban pocas veces en un pequeño comercio mediterráneo”.

Una gran verdad que no quita la presencia de catalanes en América que podrían rivalizar con Pizarro o Cabeza de Vaca.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Cataluña, América y la Hispanidad (II)





Siempre ha resultado sorprendente la contradicción entre el desprecio de los nacionalistas hacia la conquista de América y el entusiasmo ante la posibilidad de que Colón fuera catalán y no genovés. La bibliografía al respecto no ha dejado de crecer y presenta desde teorías estrafalarias hasta otras con mayor interés. Sin entrar en el tema, lo que sorprende ante el entusiasmo del lugar de nacimiento de Colón, es el olvido constante de todos aquellos catalanes que participaron en los primeros viajes colombinos.

El monumento dedicado a Colón en Barcelona, en el Portal de la Paz, al final de las Ramblas, es de sobra conocido. Aunque el público en general no atiende al grupo escultórico de la base, éste nos ilustra sobre el papel de algunos  catalanes en el descubrimiento de América. El monumento  fue diseñado por el arquitecto Cayetano Buïgas, padre de Carlos Buïgas, el ingeniero que diseñó las famosas fuentes luminosas de Montjuic. Buïgas era un hombre tradicional, católico y carlista. Aunque el encargo fue realizado en época de la República, la impronta tradicional  queda reflejada en el monumento. Una de las esculturas de la base representa al Padre Boil. Era un ermitaño que había sido aceptado por los benedictinos de Montserrat. Fue nombrado el primer Vicario General de las Indias y contó con doce monjes montserratinos que fueron los primeros evangelizadores de América. De hecho, las tres primeras iglesias levantadas en América estaban dedicadas a Montserrat, a Santa Tecla (patrona de Tarragona) y Santa Eulalia (patrona de Barcelona).

Otra de las esculturas representa a Pedro (Bertran) Margarit. Fue el jefe militar durante la segunda expedición de Colón y acabó siendo gobernador de La Española. De él tomaron nombre las Islas Margaritas en el Caribe.

Una tercera escultura corresponde a Luis de Santángel, valenciano de nacimiento y tesorero real de Aragón, quien financió una parte muy importante del primer viaje de Colón. Su firma aparece, como secretario, en las capitulaciones de Santa Fe.

La cuarta corresponde a Jaume Ferrer de Blanes, uno de los cosmógrafos reconocidos internacionalmente en la época. De él nos ha quedado una carta de Colón en la que habla de “ésta nuestra España”. También de Jaume Ferrer será el primer mapamundi en el que se incluye América. La Corona de Aragón contaba con una buena tradición de cartógrafos pues, por ejemplo, Américo Vespucio utilizó el mapamundi del mallorquín Gabriel de Vallseca. Esta tradición facilitó el proyecto del viaje de Colón.

Otro misionero catalán de los primeros viajes fue Fray Ramón Pané. Actualmente es considerado el primer etnógrafo europeo en América por su obra Relación acerca de las antigüedades de los indios, que también fue traducido al catalán.

Sabemos de otro catalán, Miguel Ballester, que fue el alcalde de la fortaleza de la Concepción de la Vega en la Isla de La Española (actualmente República Dominicana y Haití). Ballester, haciendo honor al espíritu catalán, creó el primer ingenio destinado a la producción de azúcar a partir de la caña.

En el primer siglo de la conquista de América son muchos los catalanes que aparecen como protagonistas. Algunos, como Joan d’Espés, que firma unas capitulaciones de Carlos V para el establecimiento de “Nueva Andalucía” en América. Bartolomeu Ferrer fue jefe de la expedición que marchó de Tehuanpetec hasta la futura Oregón. También encontramos otros aventureros como Jaime Rasquí, que proyectó una expedición al Río de la Plata allá por 1550. O descubrimos misioneros catalanes como Josep Alemany Cunill, que evangelizó Nevada, o Miquel Doménech Veciana, misionero en Missouri; o los jesuitas Josep Paramàs, Bernat Ibáñez, Dídac González y Josep Solís que evangelizaron a los indios guaraníes en el Alto Panamá en el siglo XVIII.

Son tantos los nombres que la lista sería interminable.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Cataluña, América y la Hispanidad (I)


Como es sabido, las políticas uniformadoras de que siempre hicieron gala los borbones comportaron que su primer representante en España -Felipe V- abriera a la antigua Corona de Aragón, sin ningún tipo de cortapisas ni restricciones, las posesiones españolas en América. (Recordemos que la citada Corona de Aragón incluía el antiguo Reino de Aragón, Cataluña y los reinos de Valencia y Mallorca; sin contar otras importantes posesiones en el Mediterráneo.)

Es por esta carta de libertad que se le concede para comerciar y ejercer cargos públicos en América por lo que el número de catalanes que, a lo largo del s. XVIII e incluso del XIX -en las colonias que aún quedaban-, ejercen papeles de relevancia en el Imperio español de América es francamente más que importante. Pero esta importancia pocos pueden imaginarse que se hubiese, igualmente, dado -como en efecto sucedió- desde el primer momento del descubrimiento del continente y a lo largo, también, de los siglos XVI y XVII. No parece concebible que los catalanes pudiesen haber tenido, prácticamente, presencia durante las dos primeras centurias de la gesta americana a tenor de que los pactos que se derivan de la unificación de los diferentes reinos y coronas de España, a finales del s. XIV, gracias al matrimonio entre Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, "cedían", por un lado, a la Corona de Aragón el campo de acción sobre las tierras situadas al este de la Península Ibérica y, por otro, al Reino de Castilla las situadas al oeste de la misma. Pero una cosa era que la Corona de Aragón no tuviera competencia para emprender empresas de carácter oficial en América y otra bien distinta era que no se pudiese participar a título individual en las empresas organizadas por el Reino de Castilla.

A muchos, sin duda, sorprenderá el número de catalanes que participaron ya desde los viajes del mismísimo Cristóbal Colón. Y más aún sorprenderá la importancia de los cargos y/o funciones que ejercieron.

CATALUÑA, AMÉRICA Y LA HISPANIDAD

“¡Colom! També l’estrella del mar aquí invocava,
l’estrella que la terra promesa li ha mostrat,
per ço en lo primer temple que América fundava
se col la Moreneta gentil de Montserrat”.

Mossèn Cinto Verdaguer


"¡Colón! También la estrella de mar aquí invocaba,
la estrella que la tierra prometida le ha mostrado,
por eso en el primer templo que América fundaba
se cuela la Moreneta gentil de Montserrat".

Sacerdote Jacinto Verdaguer


  "...la colonización indiana es de todas las nacionalidades españolas: de todas ellas son los misioneros, soldados y negociantes que luchan, descubren, gobiernan, fundan y pueblan. Digámoslo con sus palabras: el descubrimiento de América se convirtió en alianza y base de interés común, contribuyendo poderosamente a la unidad de España. Y no en vano Colón llamó Hispaniola (y no Castellana) la primera isla ocupada. Al hacerlo, y lo supiera o no, dejó impreso en el descubrimiento el sello de consagración de la unidad de España" (1)

Quien así se pronunció fue Víctor Balaguer, uno de los padres de la Renaixença catalana, el último movimiento catalán de profundas reivindicaciones hispánicas; de un hispanismo suficientemente alejado del castellanismo y del secesionismo.

Posteriormente, el nacionalismo propalado por Rovira Virgili y tantos otros, enterró la vindicación hispánica de Cataluña y nos ha llevado hasta la actualidad donde todo vestigio de hispanidad es sinónimo de extranjero y, por tanto, poco o nada relacionado con Cataluña. Ante esto, reivindicamos que los catalanes fueron partícipes y protagonistas de la gran aventura hispánica que fue el descubrimiento de América (2).

Fue Luis de Santángel, miembro de la Corte Aragonesa, quien dio el apoyo económico a Cristóbal Colón ante la negativa de los prohombres de Castilla de acometer la aventura de ir a las Indias. Los Reyes Católicos consintieron el viaje después de las presiones del valenciano Santángel. Una vez llegado de su primer viaje a América, Colón fue recibido en Barcelona, concretamente en el Saló del Tinell. A pesar de las pocas crónicas que nos han llegado, el recibimiento que le tributó el pueblo de Barcelona fue entusiasta.

Bernat de Boïl, catalán, ermitaño en Montserrat y consejero del rey Fernando el Católico, y doce monjes (3) de Montserrat, emprendieron al lado de Colón el segundo viaje a América. Boïl fue encomendado Vicario Apostólico de las Indias Occidentales. Las tres primeras iglesias fundadas en América por los españoles fueron dedicadas a Montserrat, Santa Tecla -patrona de Tarragona- y Santa Eulalia -patrona de Barcelona.

Pero lo cierto es que el nacionalismo, lo que niega es la participación de los catalanes en el descubrimiento militar y que Castilla nos apartó del comercio con América (4). Ante la poca consistencia de los planteamientos negacionistas de la presencia catalana, haremos una pequeña pero significativa relación de los catalanes conquistadores de América (5).

Lo que llama la atención, es que fuera un catalán, Jaume Ferrer de Blanes (hijo del municipio gerundense de Vidreres) quien fuera nombrado por los Reyes Católicos en 1.493 para fijar los límites entre España y Portugal en la América recién descubierta -cuestión zanjada en el Tratado de Tordesillas en 1.494.

El primer catalán en América fue Ramón Pané (s. XV, Santa Maria d’Ullà?), lugarteniente de Colón. Fue el primer hombre en publicar un escrito sobre las costumbres y las lenguas de un pueblo de América (6) y fue el primero en hablar una lengua americana. Como militares sobresalen: Joan Orpí Pou (nacido, en 1.593, en la localidad barcelonesa de Piera), conquistador de las zonas de Unare y Aragua y fundador de Nueva Barcelona y de San Pedro Mártir -esta zona fue llamada 'Nueva Cataluña', pero después pasó a la jurisdicción de Cunamá-; Pere Margarit (Castell de l’Empordà, s. XV), compañero de Colón y jefe de la expedición militar, dio nombre a las islas Margaritas en el Caribe; Miquel Ballester (Tarragona, s. XV), alcalde de la isla Hispaniola e inventor del primer ingenio productor de azúcar en 1.498; Joan de Serrallonga (Igualada, s. XV), codescubridor de “Terra Nova”; Joan Grau de Toloriu, mano derecha de Hernán Cortés; Bartolomeu Ferrer, jefe de la expedición española a Tehuantepec; Jaume Rasquí, jefe de la expedición a Río de la Plata; Miquel de Rifòs, mano derecha de los Cabot en las primeras expediciones; Pere Alberni Teixidor (Tortosa, 1741), miembro de los voluntarios catalanes, exploró el Pacífico Norte y descubrió una isla que bautizó como Isla Catalana y que hoy en día se llama Catalan Island en la Columbia Británica; Pere Fages Beleta (Guissona, 1.734), coronel del ejército español, gobernador de California, aventurero y descubridor de Sacramento, el desierto de Mojave, Los Tulares, San Gabriel y muchísimos lugares más; Francesc Jorba Ferran (Sant Sadurní, 1746), miembro del cuerpo de “Voluntarios de Cataluña”, fundó el pueblo de Yorba Linda; Esteve Rodríguez Miró (1744), teniente coronel, fundó Nuevo Madrid en Mirrouri, Monroe a partir del originario Fuente Miró y Sant Stephen a partir del Fuerte de San Esteban. Y así muchísimos más catalanes en la aventura americana.

Como comerciantes, cabe mencionar a Joan Claret (Barcelona, s. XVI), que dedicó la mayor parte de su fortuna personal a financiar expediciones a América, como la de la familia Cabot a Río de la Plata; Salvador Samà Martí (Vilanova, 1.797), coronel del ejército, fundó el Banco Español en Cuba y el dique de La Habana.

El funcionariado también tuvo una amplia representación catalana, encabezada por el catalán más conocido de la aventura americana, Gaspar de Portolà Rovira (Balaguer, 1.717) (7), coronel del ejército, descubridor de la bahía de San Francisco, San Diego y Monterrey y gobernador de California; Gabriel Avilés Fierro (Vic, 1.735), capitán general del Reino de Chile y Virrey del Reino de la Plata y del Perú (8); Pere Castany (Barcelona, 1.750), presidente de la policía y seguridad de Méjico y oidor de la Audiencia de la Nueva Granada; Ambrosi Cerdà y Simó Pontero (hijos de Barcelona del s. XVIII), oidor en Chile el primero y presidente de la Audiencia de Guatemala el segundo; Esteve Miró Sabater (s. XVIII), gobernador de Tucumán; Ignasi Sala, gobernador de Cartagena de Indias; Pere Carbonell, gobernador de Venezuela de 1.792 a 1.799; Joaquim d’Alòs, gobernador de Paraguay y comandante militar de Cuzco; Antoni Oleguer Feliu, Virrey del Río de la Plata; Francesc Romà Rossell (Barcelona, 1.730), Virrey e Intendente de Yucatán.

Y el funcionario más conocido que ha dado Cataluña ha sido Manuel Amat Juyent (Vacarisses, 1.707), Teniente General, hijo del Marqués de Castellbell y primo del Barón de Maldà. En 1.761 fue designado presidente de la Audiencia de Lima y Virrey del Perú, creando un cuerpo del ejército español bajo la advocación de La Mare de Déu de Montserrat (Madre de Dios de Montserrat). Este cuerpo participará en las expediciones de descubrimiento de importantes islas del Pacífico, como por ejemplo las de Tahití en 1.771. El Virrey Amat volvió a Barcelona y construyó su residencia, conocida hoy como el Palau de la Virreina (Palacio de la Virreina).

Como historiador de la gesta hispánica sobresale por encima de todos Joan Cristòfor Calbet d’Estrella (Sabadell, 1.505), escritor y cronista real de las Indias, miembro de la Corte española y preceptor de los príncipes. Escribió una crónica sobre la conquista del Perú, "Rebelión de Pizarro en Perú y vida de Don Pedro Gasca" y fue biógrafo del Emperador Carlos V (9).

Como eclesiásticos citar a Sant Antoni Maria Claret Clarà (Sallent 1.807), el fundador de los Claretianos, obispo de Santiago de Cuba donde luchó en contra de la esclavitud y quien fue un destacado defensor de la españolidad de la isla (10) y más tarde fue nombrado confesor de la Reina Isabel y custodio del monasterio de El Escorial. Feliu de Tàrrega (Tàrrega, 1.727), evangelizador del Orinoco y Caroní, fundó San Pedro de Tipurúa; Josep Alemany Cunill (Vic, 1.814), evangelizó Nevada, California y UTA; Pere Claver Sobocano (Verdú d’Urgell, 1.580), conocido como Sant Pere Claver, misionero en Nueva Granada y protector de esclavos; Narcís Coll Prat (Cornellà de Terri, 1.754), arzobispo de Venezuela; Miquel Doménech Veciana (Reus, 1.816), misionero en Missouri; Francesc Fleix Solans (Lérida, 1.804), obispo de Puerto Rico; Miquel Francesch (Barcelona, s. XVIII), misionero en Guatemala; Benet Garret Arloví (Agramunt, 1.665), obispo de Nicaragua; Marià Martí Estadella (Bràfim, 1.719), obispo de Puerto Rico; Benet Maria Moixó Francolí (Cervera, 1.763), obispo de Charcas y auxiliar de Michoacán, destacó en la lucha contra la insurrección independentista; los jesuitas Josep Paramàs, Bernat Ibáñez, Dídac González y Josep Solís que evangelizaron a los indios guaranís del Alto Paraná en 1.775. Y muchos otros capellanes, frailes, monjes o seglares que participaron en la evangelización del nuevo continente.

Esto no ha sido más que una breve relación de personajes catalanes que junto con extremeños, castellanos, vascos o gallegos, forjaron la Hispanidad, concepto que Raholas, Convergentes y Republicanos nos quieren escamotear para convertirla en una celebración vergonzosa y extraña a los catalanes.

Para acabar, unas estrofas de la Atlàntida de Mossèn Jacint Verdaguer, de lectura obligatoria para todos los hispanistas catalanes, canto sublime a Cataluña, América y la Hispanidad:

“...Troba Colon navilis, i en llur tosca
ala afrontant, magnànim, la mar fosca,
la humanitat li dóna el nom de boig;
al geni que la duia, en sa volada
de promissió a la terra somniada,
com Moisés per les aigües del Mar Roig.
Lo savi ancià, que des d’un cim l’obira,
sent estremir lo cor com una lira;
veu de l’àngel d’Espanya, hermós i bell,
que ahir amb ses ales d’or cobrí a Granada,
eixamplar-les avui com l’estelada
i fer-ne l’ampla terra son mantell.
Veu murgonar amb l’espanyol imperi
l’arbre sant de la creu a altre hemisferi
i el món a la seva ombra reflorir;
encarnar-s’hi del cel la saviesa;
i diu a qui s’enlaira a sa escomesa:
-Vola, Colon...; ara jo puc morir!" (11)


"...Encuentra Colón navíos, y en su tosca
ala afrontando, magnánimo la mar oscura,
la humanidad le da el nombre de loco;
al genio que la llevaba en su vuelo
de promisión a la tierra soñada,
como Moisés por las aguas del Mar Rojo.
El sabio anciano que desde una cima la avista,
siente estremecer el corazón como una lira;
voz del ángel de España, hermoso y bello,
que ayer con sus alas de oro cubrió a Granada,
ensancharlas hoy como la estrellada
y hacer de la ancha tierra su manto.
Ve murgonar con el español imperio
el árbol santo de la cruz en el otro hemisferio
y el mundo a su sombra reflorecer;
encarnarse del cielo la sabiduría;
y dice a quien se eleva a su acometida:
-¡Vuela,Colón...;ahora ya puedo morir!"

Notas:

1). Víctor Balaguer. Conferencia pronunciada en 1.892 y citada en el libro "Els catalans a les Índies" de Josep Maria Bernades, 1.992. Comissió América i Catalunya.

2). El precursor de la idea de la Hispanidad fue el escritor vasco Ramón de Basterra Zabala. La primera conmemoración del Día de la Hispanidad celebrada en España fue realizada en Barcelona, en la casa de América el 12 de octubre de 1.911. Esta iniciativa fue recogida por el periodista asturiano José María González por tal de hacer de esta fecha fiesta nacional de España.

3). El nacionalismo intenta negar la evidencia de la catalanidad de los primeros evangelizadores de América. Se puede leer "Els primers missioners d’Amèrica foren catalans?" ("¿Los primeros misioneros de América fueron catalanes?") de Pere Català Roca, Dalmau Editors.

4). "Cataluña en la carrera de las Indias", Carlos Martínez Shaw. 1981. Se recomienda el libro de este profesor de Historia de la Universitat de Barcelona, en el que demuestra que Cataluña no fue excluida del comercio con América.

5). Para tenir una relación amplia de personajes, a pesar de la tergiversación nacionalista del libro, se puede mirar "200 catalans a les Amèriques", Comissió Catalana del Cinquè Centenari del Descobriment d’Amèrica (Comisión Catalana del Quinto Centenario del Descubrimiento de América).

6). "Relación acerca de las antigüedades de los indios". 1.498. Todos los países americanos tienen una escuela dedicada a este catalàn.

7). "Contribució a una biografia de Gaspar de Portolà", J. Carner Ribalta, Dalmau Editors. En este libro nos habla de que los catalanes que lo siguieron bautizaron la tierra descubierta como la tierra de la calç i el forn -cal y horno- (Califòrnia).

8). Fue conocido como el “Virrey devoto” y que puso fin a las encomiendas dando la libertad y la propiedad de la terra a los indios guaranís. Creó el gobierno de Mairas.

9). Sobre este personaje se puede leer "El català Joan Cristòfol Calvet d’Estrella", de Puig Pujol. Episodis de la història, de Dalmau Editors.

10).Carta dirigida al Obispo de Vic Doctor Casadevall.

11)."L'Atlàntida", Jacint Verdaguer, ´Conclusió, somni d’Isabel´ (´Conclusión, sueño de Isabel´).