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lunes, 3 de septiembre de 2012

Víctor Balaguer: Patria y hogar


Escultura de Víctor Balaguer en el Parc de la Ciutadella, en Barcelona. 


Víctor Balaguer publicó en 1893 su obra “Añoranzas”, en la que podemos leer:

“Yo soy, bien lo sabe usted, un catalán empedernido y recalcitrante. Cada día amo más a mi país, y más lo venero (…) Y no vale decir todo esto que ahora se estila de patria chica y patria grande, clasificación que nunca entendí, y que jamás entró en mi pobre magín. ¿Qué quiere decir esto de patria chica, o patria grande? La patria es única: es una sola, y ésta es siempre grande. ¡Mi patria! Para mí es la mayor de todas. ¡Mi patria! Yo no conozco más que una. La otra, grande o chica, será patria de los demás; nunca mía. Lo que hay es que una cosa es la patria (España) y otra el hogar (Cataluña); como una cosa es la sociedad y otra la familia. ¿Soy yo por ventura regionalista como ahora se dice? No lo sé. Creo que sí, pero en el sentido y con el alcance que yo doy a la voz regionalismo, que todavía no ha definido ni fijado la Academia. Soy, sí, regionalista;  pero no de esos al uso. No lo soy hasta el punto de faltar a mi patria española por mi hogar catalán, que la patria está por encima de todo; lo soy sí, hasta el punto de que por el amor a mi patria no he de olvidar el amor a mi hogar (…) (Respecto a los castellanos) Lo que no tenemos es el mismo hogar. Cada uno, desde el nuestro, desde el seno de nuestra familia, acudimos a orar en el templo que nos es común, y allí al pie mismo del altar, comulgamos juntos en nuestro amor a España. Siempre me oyó usted hablar de esta manera ¿no es verdad? ¡Así Dios me conserve mi patria, y en ella siempre, siempre, mi hogar!”.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Catalanes en todas las gestas militares españolas



Los catalanes, tras la unión de las Coronas de Castilla y Aragón, participaron en las gestas militares de las armas españolas. Encontramos catalanes en la toma de Granada en 1492. Igualmente, acompañaron al Gran Capitán en la reconquista de Calabria (1502-1503) y en la conquista de Navarra (1512).
Cabe mencionar al tortosino Joan de Aldana, que fue militar al servicio de Fernando II y de Carlos I. Llegó a ostentar el cargo de Coronel mayor del tercio español de los italianos.

Soldados catalanes estuvieron presentes a lo largo de todo el siglo XVI en las campañas de Túnez o en la represión de la revuelta morisca de Granada entre 1567 y 1572.

En ningún lugar se celebró con tanto entusiasmo la Batalla de Lepanto (1571) como en Cataluña, de la que dura la devoción al Cristo de Lepanto en la Catedral de Barcelona. Aunque la fama de esa batalla se la llevará el joven Juan de Austria, uno de los grandes artífices de la victoria fue el catalán Luis de Recasens.

En la Orden del Hospital, que dominó la Isla de Malta durante tres siglos, varios de sus Grandes Maestros fueron catalanes. O sea, que los catalanes participaron en la consolidación del incipiente imperio español.

Antes de la unión de las dos Coronas en el siglo XV, Cataluña formaba parte de la “comunidad hispánica”, en palabras de Juame Vicens Vives, y estaba acostumbrada a cooperar en las gestas y empresas comunes con otros reinos. El historiador catalán señala que:

“La libertad de acción que a cada miembro de la comunidad hispánica medieval daba el hecho de sentirse solidario de una misma causa –como es principalmente la destrucción de la potencia de los ejércitos africanos en la península durante los siglos XII y XII-, sin vasallajes mutuos, permite enfocar bajo una nueva y agradable luz los continuados reclamos de castellanos, portugueses y catalanes a España y a los hechos españoles (…) Por tanto, el pluralismo medieval hispánico no provocó ni agitaciones, ni topadas, ni quebraderos de cabeza entre castellanos y catalanes”.

viernes, 2 de marzo de 2012

Pau Gasol: "Gracias por ser español"




Pau Gasol habla de las claves del éxito del deporte español y de la envidia que suscita en un artículo sin desperdicio.

La estrella de Los Ángeles Lakers ha escrito una carta en el diario Marca que titula "admiración y envidia" con el fin de defender al deporte español de los ataques recibidos por los guiñoles de Francia.
Pau Gasol escribe desde Boston momentos antes de firmar un partidazo ante los Celtics, en el que ha demostrado una vez más que es uno de los mejores jugadores de baloncesto de la historia.
El objetivo de Gasol es responder a los ataques que vienen del país galo, aunque reconoce que no ha visto los guiñoles. "Como aperitivo", dice Pau, "me parece asqueroso que se pongan bajo sospecha los éxitos del deporte español".

El pívot de los Lakers analiza el "momento maravilloso" que se vive en España con el deporte, donde "se puede hablar de un éxito generalizado". Pau asegura que "sólo puedo disfrutar y dar gracias por ser partícipe de este momento" y, por ello, añade: "Gracias por ser español, como escucho cantar a los campeones de la Davis".

El mejor jugador de baloncesto que ha dado España cree que "debe ser duro no vivir lo que estamos viviendo nosotros". "En muchos rincones, y yo lo siento así, España despierta admiración. A otros, nuestro éxito les produce envidia. Me cuesta creer por qué en Francia quieren atacar a deportistas de primer nivel y siempre de un determinado país, el mío", continúa Pau.
Por último, Gasol vuelve a hacer pública la fórmula del éxito del deporte español: "Los deportistas españoles están triunfando por su esfuerzo, su talento, su inteligencia, su humildad, su trabajo y su perseverancia".

El jugador de los Lakers acaba su artículo refiriéndose a Alberto Contador, al que insufla esperanza: 
"Desde aquí mi ánimo al mejor ciclista del mundo".

viernes, 3 de febrero de 2012

El sentir hispano de los cronistas catalanes


Para conocer el sentir de los catalanes en la Edad Media, sólo tenemos que rescatar los cronistas catalanes de la época. Será en la Cataluña medieval, comparado con el resto de Europa, donde aparecerá con más intensidad el fenómeno de las crónicas; por lo tanto, se cuenta con unas fuentes privilegiadas. Al analizarlas, no asoma el más mínimo nacionalismo, sino un profundo sentido hispánico. Como señaló Jaume Vicens Vives en su Notícia de Catalunya, refiriéndose a los cronistas medievales catalanes:

“Ningún cronista dudo nunca en utilizar lo nombres de España y español en sentido geográfico, histórico o político”.

En la Crónica de Jaime I, de 1238, y una de las más famosas de nuestras crónicas, se pueden leer fragmentos como los que siguen:

“Nostre Regne es lo mellor Regne d’Espanya” … “Nostre pare lo Rei en Pere fou lo pus franch Rey que anch en Espanya” … “Car nos ho fem la primera cosa per Deu, la segona per salvar Espanya, la terça que nos e vos haiam tan bon preu e tan gran honor que per nos e per vossin salvada Espanya”.

Esta crónica fue dictada oralmente por Jaime I y refleja claramente su sentir.

Hace unos años el partido independentista Esquerra Republicana de Catalunya celebró un homenaje a Jaime I. Fue divertido ver cómo unos republicanos independentistas celebran la figura de un Rey que se sentía plenamente español:


Las otras crónicas discurren por el mismo camino. El autor anónimo que escribe Flos Mundi (1407), en catalán,  refiriéndose a cronistas no españoles, señala:

“Mas por eso, como éstos no seno españoles, no se han preocupado de tejer la historia de España sino superficialmente. Yo empero, que soy español, tejeré y regularé dicha historia”.

Jeroni Pau escribió su obra De fluminibus et montibus Hispaniorum (1475), en la que describe la topografía catalana refiriéndose a ésta como española. De Barcelona dice que es una de las mejores ciudades de España (“maiores Hispaniae urbes”). El canónigo de Barcelona Francesc Tarafa escribe Ghottolandia, Catalunya al present denominada (1533). Es una crónica hispanista en la que reivindica la singularidad de los catalanes en cuanto que descendientes de los godos que, en relación de igualdad con Castilla, pretenden formar España. En 1534, Pere Tomich publica Les Històries e Conquistes dels reys d’Aragó e comtes de Barcelona. La obra es una reivindicación de la hispanidad de la Corona de Aragón. Y se ensalza la unidad de los godos y su recuperación por parte de los catalanes. También por esas fechas aparece la crónica de Berenguer de Puigpardines, titulada Sumari d’Espanya, en la que se rememora el pasado hispánico de la nobleza catalana.  Mientras tanto, el archivero del Reino, Pere Miquel Carbonell, escribe sus Cròniques d’Espanya (1547).

El obispo de Gerona, Joan Margarit, que puede ser considerado el primer renacentista y humanista español, tituló sus crónicas: De origine regnum Hispaniae et Gotorum. En su obra Paralipomenon Hispaniae reivindica la unidad de España germinada con los romanos y culminada tras la reconquista. En la dedicatoria a los monarcas españoles, escribe (en catalán):

“Mi designio surge del puro amor a mi Patria (España) a la cual quisiera dar el esplendor que merece”.

Las magníficas crónicas de Bernat Desclot o Ramón Muntaner se sitúan en la misma onda, a las cuales podemos sumar la de Bernat Bordes, durante el siglo XV, que es la más hispanista de todas y en ella dice de la tierra catalana:

“Aquesta nostra terra d’Espanya que s’apella Catalunya”.

Las crónicas catalanas medievales tuvieron su continuidad en una célebre obra de Narciso Feliu de la Peña, editada en 1683. Se trata de Fénix de Cataluña. Compendio de sus antiguas grandezas y medio para renovarlas. Una obra escrita por un catalán entusiasta de la monarquía hispana y que se la dedica:

“A la sacra y catholica magestad de nuestro gran monarca Carlos segundo (que Dios guarde), Rey de Las Españas, y emperador del Nuevo Mundo”.

Fénix de Catalunya es una obra singular en la que se reflexiona sobre la esencia de Cataluña, cifrada por el autor en su primigenia fe católica y en su fidelidad a los reyes y destino hispánico. Feliu de la Peña propone que sin esta fidelidad es imposible el progreso en Cataluña.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Víctor Balaguer y la Patria


Víctor Balaguer, “Los Reyes Católicos, en Historia General de España”, página 516.

“En otros pueblos, sobre todo en sus literaturas, no existe ningún sentimiento predominante que les imprima sello y carácter, sucediendo, por lo general, que sus autores y sus poetas van a recoger sus ideas, sus asuntos y hasta su inspiración fuera del centro en que viven y se mueven; pero en los españoles; pero en el canto de Altabiskar de los eúskaros; pero en el poema del Cid de los castellanos; pero en el cancionero montañés de las regiones pirineas; pero en las añoranzas de los catalanes y en la morriña de los gallegos; pero en el castellano Cervantes y en el lemosín Ausias March y el lusitano Camoëns; pero en nuestros líricos del siglo de oro y en nuestros monumentales romanceros, hay un móvil que supera a todos, un sentimiento que a todos domina, que seduce, que arrastra, que se impone: la patria, la patria española con sus cielos esplendorosos que hacen pensar y creer en Dios; con sus mares inmensos e infinitos, que hacen pensar y también creer en la libertad y en la independencia; con sus agrias montañas que escalan el cielo y son hogar de leyendas y de glorias; con sus rios como el Duero y el Tajo que, naciendo en los montes de Castilla y de Aragón no quieren arrojarse en manos del Océano sin antes cruzar el Portugal, como para recordarle que es tierra española; con sus maravillas orientales de Córdoba y Granada, sus leyendas místicas de bizantinos cenobios, sus recuerdos de capa y espada de Madrid y de Toledo, sus anales caballerescos de León y Burgos, sus gesta épicas de la robusta Asturias, sus peregrinas tradiciones de la verde Galicia, sus empresas marítimas y sus fastos consulares de la ingente Cataluña, sus trovas levantinas de la bella Valencia, sus varoniles enseñanzas del indómito Aragón, sus rudas empresas de los valles eúskaros, sus dulces marinadas de las orillas mediterráneas, y sus estruendosas tormentas de las mares cantábricas: que todo es la patria, que todo es España, nuestra santa España para la cual emprende el astur la reconquista, para la cual canta Camöes en castellano, para la cual lidia el catalán en los riscos del Bruch y en los muros inmortales de Gerona, para la cual combate el navarro en Roncesvalles, para la cual Cristóbal Colón hace brotar un nuevo mundo de entre las olas, para la cual, en fin, el extremeño Hernán Cortés va a conquistar la Nueva España y el vasco Elcano a dar la vuelta al mundo; España, la tierra que nos sustenta, el cielo que nos cobija, la que es tumba de nuestro padres y ha de serlo de nuestros hijos, la bandera bajo cuyos pliegues todos cabemos, y la idea que nos une a todos y a todos nos hace hermanos”.

martes, 1 de noviembre de 2011

Joan Cortada


"Desde ella (Guerra de Independencia) ha cundido por España un nuevo orden de ideas que han traído un nuevo orden de hechos; cesaron esas rivalidades, menguaron esos odios (por la Guerra de Sucesión), y las diferencias que todavía existen son hijas del carácter y de las tendencias particulares, cuya extinción es imposible; pero que un gobierno sabio debe estudiar, tener siempre en cuenta, conllevar hasta donde el ataque pueda ser peligroso; y de esta manera el tiempo, auxiliado por la prudencia y el talento, harán que los catalanes sean cual los demás españoles, así como los mismos medios conseguirán que un andaluz se diferencie menos de un gallego, un valenciano de un navarro, de lo que se diferencian en nuestros días.

Quiera el cielo que esta obra se lleve a cabo; y entonces los nombres de los antiguos reinos que han venido a formar la nación española, le servirán tan solo para señalar los territorios, mas no para significar diferencias de más importancia y trascendencia.
Entre tanto los catalanes, como súbditos de la Corona de España, consideran a los demás españoles como a hermanos, y su único anhelo es ver grande y poderosa la patria común, para lo cual nunca dejarán de contribuir con todo el esfuerzo de que son capaces. Perdóneseles el noble orgullo de querer estar a la cabeza del comercio, de la navegación y de la industria de España, que no disputan ellos a las demás provincias otras glorias que respetan y que admiran, porque en su carácter está acatar todo aquello en que hay importancia y hay grandeza.  Perdóneseles que tal cual vez en verso y prosa escriban la lengua de sus padres, la que les enseñó en la cuna el cariño de la madre, la que usan para alabar a Dios y para postrarse a los pies del sacerdote. (…) Santo es el amor a la patria, y la patria nuestra es Cataluña".

Joan Cortada i Sala, “Cataluña y los catalanes” páginas 61 y 62.


Joan Cortada (Barcelona, 1805 - Sant Gervasi de Casoles, 1868)

Renunció a su empleo de agente fiscal de la Audiencia de Barcelona (1828) para dedicarse a la literatura. 
Fue catedrático de la Universidad de Barcelona.
Colaboró en el Diario de Barcelona (1838-1841), bajo el seudónimo de Abem Abulema, y en El Telégrafo, con la firma de Benjamín.

Cortada adaptó su novela La heredera de Sangumí para hacer años más tarde el libreto de la ópera Gualtero de Monsonís (1857), que se convierte en la primera producción lírico-dramática de autor español que pone en escena el Liceo de Barcelona; otro libreto de ópera suyo fue Arnaldo de Erill. Tradujo al catalán La Fuggitiva de Tomás Grassi con el título de La noia fugitiva (1834), pero prefirió siempre el castellano y en él escribió sus obras históricas Las revueltas de Cataluña (1838) y también Cataluña y los catalanes (1860), esta última una defensa de la autonomía de Cataluña dentro de España.

Pronunció el discurs presidencial de los juegos florales de Barcelona, el 1864, a la restauración de los cuales (1859) había contribuido decisivamente.

lunes, 1 de agosto de 2011

Cataluña hizo a Hispania


(…) fue en la Cataluña de ahora donde se inició la romanización intensiva de la Península; fueron los catalanes de entonces quienes más ayudaron al éxito político y espiritual de Roma en España y a su explotación integral de la patria hispana, y fue la gran ciudad, umbilicus político y cultural del país, a la sazón, Tarraco, el centro más activo a la par de romanización y de unificación de los peninsulares.

Sí; Tarragona fue en verdad el puerto y la puerta de Roma en Hispania. Hijos de las tribus que habitaban en el solar de la Cataluña contemporánea formaron cuerpos auxiliares que ayudaron a los generales romanos a vencer y someter a los vascones, a los celtíberos, a los lusitanos y a los otros pueblos de Hispania.
Y en Tarraco se reunieron durante más de trescientos años, en los "concilio" o asambleas provinciales, los representantes de las ciudades y de las tribus, todas de la mayor parte de la Península hispánica; en ellas convivieron anualmente, durante más de tres siglos, gentes venidas de Lugo y de Granada, de Cartagena y de Cantabria, de Vascongadas y de la Mancha, de Braga y del Pirineo aragonés, de Navarra y de Asturias. De la llanura castellana y de los llanos de Valencia, del celtíbero Moncayo y de Sierra Nevada, del Ebro y del Tajo, de Astorga y de Gerona.

Roma hizo a Hispania desde la zona catalana de la tarraconense. Durante los largos siglos de señorío de Roma fue, desde ella y por su intermedio, como se articuló la unidad española. Mucho antes de que Andalucía o Castilla sirvieran de centros catalizadores de la inicial diversidad peninsular había cumplido igual misión la Cataluña de hace dos mil años.

Fuente:
“España, un enigma histórico”, Volumen 2, página 431, Claudio Sánchez Albornoz.

miércoles, 1 de junio de 2011

La patria de los catalanes


Cita del libro “España, una historia única” de Stanley G. Payne (el más importante historiador hispanista extranjero):

Página 155:

En las crónicas catalanas (en plena Edad Media) se dice en muchas ocasiones que los catalanes son “de Espanya” o “d´Espanya” y ocasionalmente se llega a afirmar que “Espanya” es su “patria”.

domingo, 1 de mayo de 2011

Los catalanes, los primeros españoles que se llamaron así


Los primeros españoles que se llamaron así

Hace ya un siglo que los sabios empezaron a advertir que la palabra "español" es ajena al genio del idioma castellano. En 1904 don Ramón Menéndez Pidal escribía que «esa terminación «-ol» no se usa en nuestra lengua para significar naciones». Es, añade, el resultado de una «disimilación» para evitar la acumulación de las dos consonantes nasales de un antiguo «españón», que es voz construida con el mismo sufijo que bretón, sajón, frisón, lapón, borgoñón, etc. Tenía razón el maestro. Lo castizo en nuestra lengua era «españón».
Así se lee, hacia 1240, en el poema de Fernán González. «Desque los españones a Jesucristo conocieron, / desque en la su ley bautismo recibieron, / nunca en otra ley tornar quisieron, / mas por guarda de aquesta muchos males sufrieron». Unas estrofas más adelante el poeta llama a San Eugenio, el obispo godo de Toledo, «de españones pastor».

Por contra, Gonzalo de Berceo, el poeta riojano también del XIII, al contar maravillas de dos santos abades muy milagreros -Domingo de Silos y Millán de la Cogolla-, dice del primero que era un «confesor honrado» en buena hora nacido «para españoles». Y de San Millán, que era el «padrón de españoles», o sea su patrono, detrás de Santiago. En la Crónica General del Rey Sabio, del mismo siglo, se menciona a los «españoles». (Hace unos años el maestro Lapesa reunió estos y otros textos semejantes).

La idea de que las terminaciones -ol, -oles habrían venido a resolver una posible cacofonía, provenía de una escuela lingüística mecanicista que estuvo en boga a fines del XIX, y con la que el propio don Ramón en sus estudios más personales y permanentes casi nunca coincidió. Por otra parte, bastaría repasar mentalmente el léxico común castellano para encontrarlo salpicado de «pares y nones», cañones, garañones, riñones, borgoñones, etc.

Estudios más recientes apuntan a que «español» es un préstamo del provenzal, la lengua vernácula del sudeste de Francia, cuya obra literaria más conocida es la Mireya de Mistral, el Nobel de 1905. Algo de eso hay. Es voz que viene de fuera, pero a mi entender de otra manera. En documentos del siglo XI se encuentra la voz «español» para designar a personas, comunidades o pueblos en un momento histórico en que las lenguas derivadas del latín -como serían poco después el provenzal, el catalán o el castellano- no estaban todavía definitivamente formadas.

El que fue ilustre historiador y político catalán, «catalanista» de Uniò, Miquel Coll i Alentorn, encontraba la palabra «español» en documentos de la marca carolingia de 1095. En ese momento las gentes corrientes de allí empleaban ya sin duda unos dialectos que no tardarían en dar lugar a las lenguas de cultura, romances o románicas, de regiones en las que durante un milenio se había hablado latín, y el catalán era uno de ellos.

La invasión árabe y bereber de la península, que comenzó en el Guadalete, llegó a cubrir en pocos años la mayor parte de la península. Pero la presión militar y social de los guerreros islámicos fue mucho mayor en el sur, centro y oeste que en las comarcas subpirenaicas orientales. El reino godo se desplomó y las ciudades y poblaciones menores abrieron sus puertas a los musulmanes. Sin embargo, en el nordeste el empuje sarraceno fue menor y más tardío. Las posibilidades de desplazamiento de poblaciones y gente a la Galia narbonense, que durante varios siglos fue provincia visigoda, estuvieron al alcance de «hispanos» que acudieron a refugiarse en lo que hoy es el sur de Francia. Había caminos para aquella época andaderos y para comerciantes, funcionarios y otros viajeros no sólo conocidos, sino habituales. La tarraconense y la narbonense de los godos habían pertenecido al mismo reino.

Numerosos cristianos de la región emigraron al norte. Allí se les conocía como los «hispani» o «hispanos». Los sucesores de Carlomagno, en general, los acogieron favorablemente. Hubo disposiciones de los reyes francos que facilitaban su asentamiento. Esas leyes se llamaban en latín «preceptos». Algunos de esos "preceptos de Hispanis" se pueden leer todavía en cartularios y colecciones diplomáticas. Los hispanos eran una población diferenciada de la aquitana y de la que luego sería la provenzal. En aquellas tierras se identificaba claramente a estos forasteros llegados del sur.

El progreso de la reconquista peninsular, lento al principio en esta zona de la península, dio lugar a una repoblación de los espacios que iban siendo cobrados por los primeros condes catalanes. Al irse disolviendo la marca carolingia, vinieron de la Galia con pretensiones señoriales, personajes que se consideraban godos o hijos de godos, y otros francos, latinizados pero de origen germánico. Fueron famosos ya en Hispania, el godo conde Bera y el franco Vifredo. Pero el común de los repobladores pertenecían, sin duda, a esas comunidades de ascendencia «hispana» cuyos mayores se habían trasladado cien años antes a las Galias. Los franco-galos les daban a ellos y a sus hijos el nombre de «hispanos, hispani» y con una palabra de más sílabas, conforme al uso del latín de la época, «hispaniolos, hispanioli». (También a los francos («franci») se les llamaba «françois» o «françoises»). Ese «hispanioli» es la voz latina sobre la que se forma primero en catalán y luego en castellano el actual «español».

No es preciso suponer que esa palabra en su camino del latín al romance haya tenido que pasar por el trámite del provenzal. El catalán viene del latín, no del provenzal, aunque se parezca a éste. La palabra «español» nace directamente en el catalán -o «protocatalán»- que en esos tiempos estaba tomando cuerpo y forma. No es un «provenzalismo», sino un catalanismo.

Fueron los retornados que poblaron los condados catalanes y enriquecieron su demografía, los que, junto con sus personas, oficios, hábitos y familias, trajeron consigo el apellido de «hispanioli», sobre el que la lengua catalana acuña la voz «español» y, a través del castellano, se la regala al mundo. Los primeros «españoles» que se llamaron así fueron los abuelos de los catalanes de ahora.

Antonio Fontán, ex presidente del Senado

ABC, 8/VII/2003

Fuente:
http://www.abc.es/hemeroteca/historico-08-07-2003/abc/Opinion/los-primeros-espa%C3%B1oles-que-se-llamaron-asi_193265.html

Antonio Fontán fue el primer presidente del Senado de la democracia en España. Impulsor de la libertad de expresión en España, durante la dictadura de Franco fue el editor del principal diario opositor, «Madrid», hasta que éste fue clausurado por las fuerzas franquistas, y en la actualidad presidía la Fundación Diario Madrid.

Fue miembro del Consejo Privado del Conde de Barcelona, hasta su disolución en julio de 1969 y senador por Sevilla en las Cortes Constituyentes, lo que le dio un papel muy activo en la redacción de la Constitución Española y ser uno de los firmantes de la Carta Magna.

Fue catedrático en la Universidad de Granada, la Complutense y la de Navarra, además de fue el primer director del Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra, donde es recordado como el primer decano de la actual Facultad de Comunicación. Igualmente fue catedrático emérito en multitud de centros universitarios.

En su largo historial de cargos, destaca que era miembro honorífico del Comité del «International Press Institute» con sede en Zúrich (Suiza) y presidente del Comité en España de esa entidad, que posteriormente lo ha reconocido como uno de sus «héroes de la libertad de prensa»

Ha sido también presidente del Consejo Deontológico de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE). Fue investido doctor «honoris causa» por las Universidades de Alcalá y Rey Juan Carlos en febrero de 2009.

En julio de 2008, fue nombrado marqués de Guadalcanal por Su Majestad el Rey en reconocimiento a su labor en favor de la libertad y de la convivencia cívica entre españoles, junto a su «destacada trayectoria en la Universidad, el periodismo y la política».

Fuente:
http://www.abc.es/20100114/nacional-politica/fontan-senado-201001141027.html

jueves, 1 de julio de 2010

Los catalanes que combatieron "per l'honra d'Espanya"


Bandera de los voluntarios catalanes

El 11 de septiembre de 1714 las autoridades de la Barcelona asediada por las tropas del Rey legítimo Felipe V tenían clara su idea de España, tal como lo expresaron a sus conciudadanos y defensores en su último bando:

"... la deplorable infelicitat de esta ciutat, en que avuy resideix la llibertat de tot lo Principat y de tota España, ...

...a fi de derramar gloriosament sa sanch y vida, per son Rey, son honor, per la patria y per la llibertat de tota Espanya,..."

No ha sido esa ocasión, tan magnificada en los tiempos recientes cuan silenciados estos párrafos, la única en la que los catalanes combatieron decididamente a favor de la España de la que Cataluña es parte natural y consustancial. Antes y después los catalanes han sabido que, llegado el caso, debían tomar las armas y seguir la bandera de España, como por ejemplo (entre otros muchos que podríamos referir) aquellos que se alistaron para formar una unidad expedicionaria para Cuba donde se desató la guerra. Eran conocidos popularmente como los Tercios Catalanes que, integrados en el Ejército español, participarían en la luego llamada Guerra Grande, de 1868 a 1878, para defender la españolidad de Cuba y, en consecuencia, la integridad territorial de España.


La bandera, cuando estaba
expuesta en el Museo de Montjuich


Al ser una Unidad de voluntarios se dotaron de ciertas peculiaridades en su uniforme, como la típica barretina roja, verdadero símbolo de la catalanidad. Como todos los batallones del Ejército, su bandera era de los colores nacionales de España, en cuyo centro iban las armas del Principado y en sus esquinas las de las cuatro provincias catalanas: Barcelona Tarragona, Lérida y Gerona y que hasta ahora ha estado conservada cerca de los descendientes de aquellos valientes, en el recientemente cerrado Museo Militar de Montjuich. Fueron tantos catalanes como la fuerza de un batallón denominado oficialmente de Voluntarios Catalanes Cazadores de Barcelona, pero volvieron sólo 40. Eso es sacrificio por España.

Aquel capítulo de la Historia fue entonces tan significativo que se dijo que esos catalanes fueron a Cuba "vetllant per l'honra d'Espanya" y merecieron el cuadro conmemorativo "Embarque de los voluntarios catalanes en el puerto de Barcelona" que el catalán Ramón Padró pintó en 1870, con Montjuich al fondo, y que pertenece al Museo Marítimo de las Atarazanas de Barcelona. Y su presencia en Cuba no pasó desapercibida pues hubo referencias a ellos en marquillas de los puros allí confeccionados. El mismo Padró ilustró un artículo en la prensa de la época, que decía:


"LOS VOLUNTARIOS CATALANES EN CUBA”


Ilustración de Ramón Padró


...presentamos hoy en esta página un retrato, del natural, de uno de los bravos hijos de Cataluña que se alistaron desde luego bajo la bandera de España, para combatir la inicua insurrección que estalló en las vegas de Yara, contra la integridad y la honra de la patria.

Como ven nuestros suscritores, los voluntarios catalanes traen a la memoria, con su histórico traje, el recuerdo de aquellos valientes almogávares que a las órdenes de Roger de Flor realizaron fabulosas hazañas en la hermosa Grecia, en las postrimerías del imperio de los Paleólogos.

Y si la ocasión lo presentase, (...), estamos seguros de que los voluntarios catalanes renovarían en nuestros tiempos los heroicos hechos de sus indomables antecesores y se oiría de nuevo el ¡desperta ferro! de los antiguos almogávares.

Réstanos decir que el retrato a que se refieren estas líneas pertenece a uno de los arrojados voluntarios catalanes que tomaron a los insurrectos cubanos la canoa y bandera de que..."

Aquellos voluntarios catalanes y su defensa de España merecen ser recordados en su justa medida.

sábado, 1 de mayo de 2010

Marinos catalanes defendiendo su españolidad


En 1674, ante las pretensiones del cónsul flamenco en Cádiz de representar en la ciudad a las "naciones" radicadas en ella para el comercio colonial, el representante de los marinos catalanes escribe a la regente Mariana de Austria, madre de Carlos II, en los siguientes términos:

"Tener Cónsul en una parte y tierra es por las naciones, que son propiamente naciones, pero no por aquellos que son inmediatos vasallos de una Corona, como lo son los cathalanes de la Real Corona de S. M. (q.D.g.), los quales como a propios vasallos son y se nombran españoles, siendo como es indubitable que Cathaluña es España". Y prosugue: "No ha sido ni es de quitar a los cathalanes al ser tenidos por españoles, como lo son, y no por naciones".

lunes, 1 de marzo de 2010

La bandera d' Espanya als Pirineus


Este es un fragmento del discurso que pronunció en 1874 Albert de Quintana, presidente de los Juegos Florales. Sus palabras se referían a los episodios más señeros de la guerra de la Independencia:

"Arboraven per sempre més la bandera d'Espanya al bell cim dels Pirineus, per que hagués esment l'Europa de que dintre nostres pits alena com foch etern l'esperit d'independencia que tantes voltes ha deslliurat nostra perduda patria".

Su traducción al castellano:

"Enarbolaban por siempre jamás la bandera de España en la bella cumbre de los Pirineos, para que Europa supiera que dentro de nuestros pechos palpita como fuego eterno el espíritu de independencia que tantas veces ha liberado a nuestra perdida patria.”

jueves, 1 de octubre de 2009

Catalanes luchando por España





FRANCESCH CAMPRODON (1869)


EN NOM D'ESPANYA


Si hi ha criolls que sostenen
que no te fills Catalunya
per lluitar en terra llunya
lo vent los porta, ja venen.

Venen d'aquell cau que cria
minyonsde cor tan valent
q'un jorn abordant l'Orient
y altre jorn la moreria.

Avuy la patria'ls demana
y may los demana en va.
¡Ay del que vulga afrontà
la venjansa catalana!

Los veureu prompte en campanya
que com lleons embesteixen
y com anyells obeyeixen
al que mana en nom d'Espanya.

Feras de potentas garras
presentan al plom lo pit
y no tenen mes que un crit:
¡San Jordi y vivan las barras!

Las barras d'historia bella
que en totas lluitas mortals
han sigut sempre'ls puntals
de las tropas de Castella.

Si estant Espanya en desmay
l'atormentan uns y altres
¡Llam del cel! avuy nosaltres
som mes espanyols que may.

La patria es mare fins are
y si pobra y trista està,
no's dirà q'un català
ha renegat de sa mare.

Ja venen: los porta'l vent:
mes tots avans han jurat
no tornar a Montserrat
mentre hi hagi un insurgent.

Y no es jurament de maula,
que en terra proxima o llunya
no se sap que Catalunya
hagi trencat la paraula".


TRADUCCIÓN AL CASTELLANO


EN NOMBRE DE ESPAÑA


Si hay criollos que dicen
que no tiene hijos Cataluña
para luchar en tierra lejana,
el viento los lleva, ya vienen.

Vienen de aquel lugar que cría
muchachos de corazón tan valiente
que un día abordan a Oriente
y otro día la morería.


Hoy la patria los pide
y nunca los pide en vano.
¡Ay del que quiera afrontar
la venganza catalana!

Los veréis pronto en campaña
que como leones embisten
y como corderos obedecen
al que manda en nombre de España.

Fieras de potentes garras
presentan al plomo el pecho
y no tienen mas que un grito:
¡San Jordi y vivan las barras!

Las barras de historia bella
que en todas luchas mortales
han sido siempre puntales
de las tropas de Castilla.

Si estando España en desmayo
la atormentaran unos y otros
¡Relámpago del cielo hoy nosotros
somos más españoles que nunca!

La patria es madre hasta ahora
y si pobre y triste está,
no se dirá que un catalán
ha renegado de su madre.

Ya vienen: los lleva el viento:
mas todos antes han jurado
no volver a Montserrat
mientras haya un insurgente.

Y no es juramento de maula
que en tierra próxima o lejana
no se sabe que Cataluña
haya roto la palabra.