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jueves, 27 de diciembre de 2012

142 años de la muerte de Juan Prim


A los 142 años del magnicidio de Juan Prim, patriota español nacido en Reus

Homenaje en Madrid al que fuera presidente del Gobierno, asesinado en 1870. Militar, estadista, monárquico y progresista. Fue el valedor de Amadeo I, rey que llegó a España para lamentar la muerte de Prim. Este ha sido uno de los políticos más influyentes en la historia de España.


Placa conmemorativa del magnicio a Juan Prim, en Madrid

Juan Prim, Estanislao Figueras y Francisco Pi y Margall han sido los tres presidentes del Gobierno de toda la historia de España nacidos en Cataluña. De los tres, seguramente, el más influyente en la historia política nacional sea Prim, nacido en Reus (Tarragona) en 1814. El hombre de acción que fue, Prim murió tres días después de sufrir un atentado el 27 de diciembre de 1870 tras salir del Congreso.

Este jueves, el presidente de la Cámara Baja, Jesús Posada (PP), ha rendido homenaje al que fuera firme defensor de la llegada a España del Rey Amadeo de Saboya, máximo exponente del progresismo español del siglo XIX y gestor de la instauración de la peseta como moneda nacional.

Posada ha presentado el libro Juan Prim y Prats. Discursos Parlamentarios, coordinado por María José Rubio, y ha descubierto una placa en el mismo lugar de Madrid en que fue tiroteado. Junto al presidente del Congreso, han participado la alcaldesa de la capital del país, Ana Botella (PP), y el alcalde de Reus, Carles Pellicer (CiU).

La figura de Prim -que nunca renunció a defender su catalanidad y su españolidad, cuestiones indudablemente inseparables para el militar-, en el 142 aniversario de su muerte (el 30 de diciembre de 1870), supone reivindicar la unidad frente a las disputas políticas, pues el siglo XIX se ha caracterizado por ser el momento más convulso de la historia reciente de España, que tuvo en las tres primeras cuartas partes del siglo XX su continuación y declive.

“Sentido patriótico”

En la presentación de la obra que recoge los principales discursos de Prim en el Congreso (del que fue miembro por la circunscripción de Tarragona), el presidente de la Sociedad Bicentenario General Prim 2014, Pau Roca, ha recordado que el reusense “hablaba en catalán” y “arengaba a sus tropas en catalán”, una actitud que no era incompatible con su sentir patriótico, y se ha referido al “dolor que sintió cuando tuvo que poner orden en Barcelona bombardeándola”.

Ante más de un centenar de personas -entre otros, José Bono, Ian Gibson y Ramón Tamames- congregadas en el Salón de los Pasos Perdidos de la Cámara Baja, Posada ha destacado por su parte el “sentido patriótico”, el “compromiso con la libertad” y la “búsqueda de la concordia” que guiaron la vida del que fuera promotor de la Constitución de 1869.

Tras el acto en el Congreso, los asistentes se han dirigido hacia el Banco de España, donde Prim fue tiroteado, para la inauguración de la placa conmemorativa del magnicidio. En la placa, este texto: ‘En este lugar, antigua calle del Turco, se produjo el atentado contra el héroe militar, insigne estadista y presidente del Gobierno, general Juan Prim y Prats’. Después, la comitiva conmemorativa se ha dirigido al Cuartel General del Ejército.

“Altura de miras”

En el acto celebrado en el Cuartel General del Ejército, Botella ha hecho un llamamiento a “dejar de lado, más que nunca, disputas partidistas e intereses personales”, dada la “grave crisis económica” y el “momento clave” que atraviesa España. ”No debemos olvidar lo mucho que somos capaces de hacer cuando hacemos las cosas juntos, cuando optamos por la seriedad, por la búsqueda del consenso y actuamos con altura de miras”, ha recordado la alcaldesa de Madrid.

La primera edil de la capital del país ha abogado por “no olvidar” la frase que Prim pronunció el 11 de noviembre de 1862, durante un discurso parlamentario, y que, desde hoy, también está esculpida en la que cualquier transeúnte puede comprobar: ”No olvidéis la sangre derramada por vuestras disputas políticas“.

Junto a Botella, Pellicer ha afirmado que los “anhelos” de Prim son hoy de la “máxima actualidad” y que sus vecinos comparten con él la “voluntad de ser ciudadanos del mundo y partícipes de forma activa en la construcción de la historia“. Al homenaje también han asistido, entre otros, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz (PP); y el fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce.

lunes, 4 de enero de 2010

Guerra de Marruecos


En 1859 estalla la guerra con Marruecos a causa de los ataques de incontrolados contra las defensas de Ceuta y de la destrucción de los escudos de España allí levantados. España entera se alzó indignada y miles de voluntarios se alistaron en todas provincias para vengar las afrentas recibidas. Al mando de O´Donnell se levantó un ejército en cuya primera línea deseó estar el catalán General Joan Prim y los voluntarios catalanes que quedaron a sus órdenes.

En Cataluña se organizaron numerosos actos patrióticos para recaudar dinero, armas y equipaje para los soldados, se celebraron veladas teatrales, manifestaciones, misas y todo tipo de eventos en apoyo de la campaña marroquí.

Entre los cientos de versos, canciones y representaciones que surgieron en homenaje al ejército, destacó “Los catalans en África”, obra en cuatro piezas del poeta Joseph Antoni Ferrer con música de Francisco Porcell, que fue exitosamente representada en beneficio de los heridos en la guerra. El protagonista, Jordi, le explicaba a su novia:

“¿Tu no sabs, nineta mèva, que lluny, llyuny, una nació insulta de nostra Espanya los escuts y los pendons?
¿Tu no sabs que´l crit de guerra ressona luego per tot, y que en pes volen anarhi tots els joves espanyols?”

(¿Tu no sabes, niña mia, que lejos, lejos, una nación insulta de nuestra España los escudos y los pendones? ¿Tu no sabes que el grito de guerra resuena luego por todos lados, y que con razón quieren ir todos los jóvenes españoles?)

Ante la petición de su enamorada de que no se alistara, respondía:

“(…) Filla meva, no pót ser; la patria ho vol;
Y, entre la patria y la dona, es la patria qui més pot.
Y cuant la patria perilla, no se han de esperar rahons,
sino anarhi voluntari de la guerra al primer toch:
qui no ho fassa de aqueix modo será un indigne español”.

(“Hija mia, no puede ser; la patria lo quiere; Y, entre la patria y la mujer, es la patria quien más puede. Y cuando la patria peligra, no se han de esperar razones, sino ir voluntario de la guerra al primer toque: quien no lo haga de este modo será un indigno español”)

Y el coro animaba a los jóvenes a alistarse con estas palabras:

“Borrem la Mitja Luna del cel de aquella terra;
Campejen sols gloriosas las barras y lleons.
¡Sant Jordi! ¡Viva Espanya! ¡Al arma! ¡Guerra! ¡Guerra!
¡Corram a matar moros! ¡Al áfrica, minyons!”

(“Borremos la media luna del cielo de esa tierra; Campean solo gloriosas las barras y los leones. ¡San Jorge! ¡Viva España! ¡Al arma! ¡Guerra! ¡Guerra! ¡Corramos a matar moros! ¡Al África, muchachos!”)

El embarque de los voluntarios en el puerto de Barcelona fue apoteósico. La Junta Barcelonesa de Socorros organizó la recogida de aportaciones para ayuda y bienestar de las tropas. En una memoria publicada en enero de 1861, algunos meses después de la finalización de la guerra, se relacionaron los donativos recibidos y los envíos y trabajos realizados. Explicaba sus motivos con estas palabras:

“Tan luego como el telégrafo hizo saber a los barceloneses que se había declarado la guerra al Imperio marroquí, se vieron marcadas pruebas de entusiasmo en todas las clases de la sociedad. Efecto natural del orgullo nacional ultrajado. Muchos proyectos de cooperación corrían de boca en boca, todos deseaban, según su edad, circunstancias y posición, cooperar al triunfo de nuestras armas, pero no faltaron otros que pensaron en enjuagar las lágrimas de las viudas y huérfanos, aliviar la suerte de los inutilizados y cicatrizar las heridas de aquellos a quienes el plomo y el acero agareno hiciese verter su preciosa sangre en defensa del honor nacional”.

En la memoria se recogieron los nombres de miles de barceloneses que con su dinero y aportaciones en especies colaboraron en la manutención de las tropas, de sus familiares y de los hospitales para los heridos. La memoria concluía del siguiente modo:

“Tres son las razones que han incluido a la Junta para la impresión de esta Memoria; dar completa satisfacción de sus actos, consignar los nombres de las caritativas personas que han contribuido a este servicio con su donativo, y perpetuar para lo venidero el servicio prestado por Barcelona y su provincia, como lo hicieron en otras épocas sus moradores (…) testimonio de la fervorosa caridad y ardiente patriotismo de los barceloneses al declararse la guerra de África a mediados del siglo XIX, a los cuales no es dudoso que sabrán, más que imitar, exceder nuestros sucesores, porque jamás se extinguirán en Barcelona y su provincia estos dos poderosos motores de todos los grandes hechos que enaltecen los pueblos y enorgullecen a sus hijos: Caridad. Patriotismo”.

Pedro Antonio de Alarcón, corresponsal de guerra y autor de un documento esencial para el conocimiento de aquella campaña, “Diario de un testigo de la Guerra de África”, relató así la llegada a tierra marroquí de los voluntarios catalanes al mando del comandante Victoriano Sugranyes:

“3 de febrero de 1860: Son las cinco de la tarde y vengo de presenciar una escena verdaderamente sublime. Las compañías de voluntarios catalanes que la noble y patriótica tierra de Roger de Flor envía al ejército de África, como precioso e inestimable donativo, han desembarcado hace una hora (…) El general Prim, como paisano suyo, ha deseado que ingresen en su cuerpo de ejército, a lo cual ha accedido el general jefe, mientras que ellos han pedido por su parte al conde de Reus ir mañana en la vanguardia. También se le ha otorgado esa merced”.

Alarcón relató varios de los sangrientos combates en los que participaron los tercios catalanes:

“Según solicitaron ayer, los nobles hijos del Principado iban de vanguardia, capitaneados por el general Prim; pero en el instante crítico de la carrera y del ataque, cuando ya les faltaban veinte pasos para llegar a la artillada trinchera, viéronse cortados por una zanja pantanosa (…). Caen dentro las primeras filas de Voluntarios Catalanes, y no bien lo notan los moros (que contaban con semejante accidente), pónense de pie sobre sus parapetos y fusilan sin piedad a nuestros hermanos. ¡Pero éstos no retroceden! ¡Sobre los primeros que se han hundido pasan otros, y los muertos y heridos sirven como de puente a sus camaradas!... ¡Vano empeño! ¡Inútil heroísmo! Los moros siguen cazándolos a mansalva (…). Los Voluntarios se paran, como preguntándose si deben morir todos inútilmente en lucha tan desigual y bárbara, o si les será lícito retroceder…

El general Prim, que estaba a retaguardia de los Catalanes, alentándolos para que ninguno dejase de pasar el tremendo foso, ve aquella perplejidad y oscilación de los que ya han saltado a la otra orilla, y corre a ellos, a todo escape de su caballo moro; pónese a su frente, sin cuidarse de las balas, y, con voz mágica, tremenda, irresistible:

-¡Adelante, Catalanes! –grítales en su lengua- ¡No hay tiempo que perder!... ¡Acordaros de lo que me habéis prometido!

¡No fue menester más! Los Voluntarios bajan la cabeza y acometen como ciegos toros a la formidable trinchera (…) ¡Brava gente! La tierra que los ha criado puede envanecerse de ellos. La primera vez que han entrado en fuego han perdido la cuarta parte de su fuerza. ¡Su jefe, el comandante Sugrañés, ha muerto como bueno a las veinte horas de desembarcar en África , cumpliendo al general Prim la palabra empeñada de dar su vida por el honor de Cataluña! ¡Honor a él y a sus valientes soldados! ¡Gloria a la tierra de Roger de Flor! ¡Vítores sin cuento a la madre España!”.

En la jornada de la “Loma de las Mochilas” (lugar donde los soldados habían dejado sus pertrechos para acudir más ligeros al combate), Prim reaccionó así ante el momento de titubeo de las líneas:

“¡Soldados!: ¡Podéis abandonar esas mochilas porque son vuestras, pero no podéis abandonar esta bandera, que es de la Patria! ¿Permitiréis que el estandarte de España caiga en poder de los moros? ¿Dejaréis morir solo a vuestro general?”.

Y, enarbolando la bandera de España, cargó a caballo contra el enemigo arrastrando en su acción a sus soldados, que ocuparon definitivamente la posición.

Al regreso de las tropas tras la victoriosa campaña, fueron recibidas con multitudinarias muestras de afecto y entusiasmo patriótico. La prensa catalana recogía así la llegada de Prim a La Junquera:

“El día 5 llegó nuestro héroe a La Junquera, donde fue recibido con un repique general de campanas y en medio de las aclamaciones entusiastas del primer pueblo que hallaba al pisar territorio español”.

En Figueras se repitió la entusiasta acogida:

“También se leyeron versos en este local (el Casino figuerense), y en ellos se le ofrecían los brazos de los ampurdaneses para vengar la patria si de nuevo se viese ofendida. Su respuesta fue que “estaba pronto a empuñar de nuevo la espada en defensa de la bandera que representase la lealtad, la reina, la patria y la libertad”.”

Para su entrada en Barcelona, ciudad que le nombró hijo adoptivo, con millares de barceloneses agolpados en la calle para darle la bienvenida, se levantó un arco de triunfo con el letrero “La Patria agradecida. Tributo al Vencedor”. La prensa comentaba los acontecimientos con informaciones como la siguiente:

“Ayer fue un gran día de júbilo que bien podemos contar como una continuación de los días 3,4 y 5 de mayo último en que celebrábamos la entrada de las valientes huestes que en tierra africana habían vencido como vencen los descendientes del Cid, Cortés, Guzmán y García de Paredes. Millares de ciudadanos de Barcelona y demás pueblos de la provincia invadían la estación del ferrocarril de Mataró y poblaban las avenidas de la carretera que debía recorrer el Excmo. Sr. Juan Prim”.

De los balcones barceloneses se arrojaban octavillas con versos como éstos:

“Si hay nación que intente de nuevo insultarnos
sepan de una vez todas cuantas alumbra el sol,
que España es siempre España, y tiene siempre prontos,
recursos, patriotismo y Ejército Español.”

“D´enemichs la turbamulta
prest lograreu aixafá
escribint ab forta ma:
sapia la nassió mes culta
que á Espanya ningú l´insulta
mentras hi haije un català”.

(De enemigos la turbamulta rápido lograréis aplastar escribiendo con mano fuerte: sepa la nación más culta que a España nadie la insulta mientras haiga un catalán”).