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lunes, 3 de septiembre de 2012

Víctor Balaguer: Patria y hogar


Escultura de Víctor Balaguer en el Parc de la Ciutadella, en Barcelona. 


Víctor Balaguer publicó en 1893 su obra “Añoranzas”, en la que podemos leer:

“Yo soy, bien lo sabe usted, un catalán empedernido y recalcitrante. Cada día amo más a mi país, y más lo venero (…) Y no vale decir todo esto que ahora se estila de patria chica y patria grande, clasificación que nunca entendí, y que jamás entró en mi pobre magín. ¿Qué quiere decir esto de patria chica, o patria grande? La patria es única: es una sola, y ésta es siempre grande. ¡Mi patria! Para mí es la mayor de todas. ¡Mi patria! Yo no conozco más que una. La otra, grande o chica, será patria de los demás; nunca mía. Lo que hay es que una cosa es la patria (España) y otra el hogar (Cataluña); como una cosa es la sociedad y otra la familia. ¿Soy yo por ventura regionalista como ahora se dice? No lo sé. Creo que sí, pero en el sentido y con el alcance que yo doy a la voz regionalismo, que todavía no ha definido ni fijado la Academia. Soy, sí, regionalista;  pero no de esos al uso. No lo soy hasta el punto de faltar a mi patria española por mi hogar catalán, que la patria está por encima de todo; lo soy sí, hasta el punto de que por el amor a mi patria no he de olvidar el amor a mi hogar (…) (Respecto a los castellanos) Lo que no tenemos es el mismo hogar. Cada uno, desde el nuestro, desde el seno de nuestra familia, acudimos a orar en el templo que nos es común, y allí al pie mismo del altar, comulgamos juntos en nuestro amor a España. Siempre me oyó usted hablar de esta manera ¿no es verdad? ¡Así Dios me conserve mi patria, y en ella siempre, siempre, mi hogar!”.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Víctor Balaguer reniega del catalanismo político





En el Discurso presidencial de los Juegos Florales de 1900 Víctor Balaguer reniega del catalanismo político:

“Franca y explícitamente, pues, declaro que no soy catalanista, aunque sí catalán ferviente y convencido de corazón y de raza, como quien más lo sea y pueda serlo (…). No pertenezco al bando de los catalanistas, ni habito en sus falansterios, ni comulgo con ellos, ni acepto el programa de Manresa, ni creo en el himno de “Los Segadores”. La primera evolución del catalanismo estaba dentro de los Juegos Florales. Mientras no se apartó del terreno literario, pisaba en firme y gozaba de todos sus derechos (…) Pero ya ahora, desplegada su bandera política debe pasar honradamente a otro campo a luchar por sus ideales, que respeto, pero que deploro, abandonando aquél donde sólo pueden sonar voces de paz y concordia y no de odio y venganza”.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Víctor Balaguer y la Patria


Víctor Balaguer, “Los Reyes Católicos, en Historia General de España”, página 516.

“En otros pueblos, sobre todo en sus literaturas, no existe ningún sentimiento predominante que les imprima sello y carácter, sucediendo, por lo general, que sus autores y sus poetas van a recoger sus ideas, sus asuntos y hasta su inspiración fuera del centro en que viven y se mueven; pero en los españoles; pero en el canto de Altabiskar de los eúskaros; pero en el poema del Cid de los castellanos; pero en el cancionero montañés de las regiones pirineas; pero en las añoranzas de los catalanes y en la morriña de los gallegos; pero en el castellano Cervantes y en el lemosín Ausias March y el lusitano Camoëns; pero en nuestros líricos del siglo de oro y en nuestros monumentales romanceros, hay un móvil que supera a todos, un sentimiento que a todos domina, que seduce, que arrastra, que se impone: la patria, la patria española con sus cielos esplendorosos que hacen pensar y creer en Dios; con sus mares inmensos e infinitos, que hacen pensar y también creer en la libertad y en la independencia; con sus agrias montañas que escalan el cielo y son hogar de leyendas y de glorias; con sus rios como el Duero y el Tajo que, naciendo en los montes de Castilla y de Aragón no quieren arrojarse en manos del Océano sin antes cruzar el Portugal, como para recordarle que es tierra española; con sus maravillas orientales de Córdoba y Granada, sus leyendas místicas de bizantinos cenobios, sus recuerdos de capa y espada de Madrid y de Toledo, sus anales caballerescos de León y Burgos, sus gesta épicas de la robusta Asturias, sus peregrinas tradiciones de la verde Galicia, sus empresas marítimas y sus fastos consulares de la ingente Cataluña, sus trovas levantinas de la bella Valencia, sus varoniles enseñanzas del indómito Aragón, sus rudas empresas de los valles eúskaros, sus dulces marinadas de las orillas mediterráneas, y sus estruendosas tormentas de las mares cantábricas: que todo es la patria, que todo es España, nuestra santa España para la cual emprende el astur la reconquista, para la cual canta Camöes en castellano, para la cual lidia el catalán en los riscos del Bruch y en los muros inmortales de Gerona, para la cual combate el navarro en Roncesvalles, para la cual Cristóbal Colón hace brotar un nuevo mundo de entre las olas, para la cual, en fin, el extremeño Hernán Cortés va a conquistar la Nueva España y el vasco Elcano a dar la vuelta al mundo; España, la tierra que nos sustenta, el cielo que nos cobija, la que es tumba de nuestro padres y ha de serlo de nuestros hijos, la bandera bajo cuyos pliegues todos cabemos, y la idea que nos une a todos y a todos nos hace hermanos”.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Víctor Balaguer


“El catalán admite iguales, pero no superiores; acepta monarcas y soberanos, pero no amos y dueños; es asequible al consejo, rebelde al látigo; amante escrupuloso de sus deberes, pero guardador minio de sus derechos; siendo sólo la conciencia de este mismo deber la que a veces le obligó a cumplir con el de rechazar con indignación todo ultraje y todo ataque, viniese de fuera o de dentro, de arriba o de abajo, a su independencia, a sus franquicias, a sus derechos, a sus libertades”.


“Lo que no creo, lo que no espero, lo que avenir no puede, es que llegue a ser jamás un peligro, ni sombra de él siquiera, para desmembraciones imposibles de la gran patria española”.

“No hay, señores Académicos, no hay ningún escritor catalán que no diga con el autor de estas líneas: Dios me conceda morir en el suelo de mi país, oyendo las campanas de la iglesia que festejaron mi nacimiento y mis bodas, viendo los árboles que planté y a que di sombra para que a su vez pudieran dármela; Dios me conceda morir en mi casa solariega, que es tumba de mis padres y cuna de mis hijos; pero Dios no permita que mis ojos puedan cerrarse a la luz sin ver flotar siempre sobre los campos de mi patria, radiante y libre, el pabellón de España”.

Víctor Balaguer, “De la literatura catalana” discurso pronunciado en la Real Academia de la Historia, Madrid, el 10 de octubre de 1875. Páginas 30, 41 y 44.



Víctor Balaguer i Cirera (Barcelona 1824 – Madrid 1901) está considerado como uno de los escritores catalanes más importantes del siglo XIX.

Fue uno de los principales impulsores de la Renaixença, especialmente en la recuperación de los Juegos. Fue el primer profesor en Gay Saber. Cronista de la ciudad de Barcelona puso nombre a las calles de la Eixample que corresponden a los nombres de los territorios, instituciones y personalidades de la corona de Aragón.

A partir de mediados del siglo XIX se incorporó progresivamente en política y destacó come dirigente del Partido Progresista. Participó en la conspiración para derribar a los Borbones motivo por el cual tuvo que exiliarse. Víctor Balaguer fue un miembro muy destacado de la masonería y formó parte en cuatro ocasiones (1871, 1872, 1874, 1886-88) de los gobiernos nacionales, donde ocupó los ministerios de Fomento y Ultramar.
Fue miembro de la Real Academia Española.