“La sardana, folclore catalán de raíces helénicas”
Otro mito, y de los grandes.
Recuerdo de pequeño los bailes de sardanas en Plaza Cataluña, de Barcelona, organizadas por El Corte Inglés, donde íbamos todos a aprender y en defender –orgullosos- nuestras antiguas tradiciones. La sardana, el baile “nacional” de Cataluña, danza de raíces helénicas y vinculada al antiguo folclore catalán.
Pues eso es un mito. La sardana ni tiene orígenes griegos (sino que fue inventada por el catalanismo de derechas a finales del s.XIX), ni puede ser considerado folclore, ni es ninguna tradición catalana.
Los jóvenes musicólogos catalanes insisten al desmitificar la sardana y a su creador, José (Pep) Ventura, rompiendo definitivamente con aquel discurso tradicional, tergiversado y mitificado.
Así, por ejemplo, la joven Anna Costal (Figueres, 1981), musicóloga y tenora de la cobla Vila de Olesa, trabaja en una tesis doctoral que intenta sacar la follaje del mito y reencontrar, por ejemplo, las sardanas “proscritas” de Pep Ventura.
El trasfondo del mito:
“Durante años hemos conocido al Pep Ventura que la literatura catalanista esconde detrás de una imagen conscientemente tergiversada. Las finalidades políticas –que al caer el siglo XX buscan la creación e institucionalización de nuevos mitos y nuevas tradiciones para una Cataluña moderna y soberana- justifican la invención de una sardana “tradicional”.
(Costal)
Así se crea un mito:
“El catalanismo convierte la sardana en el baile “nacional” de Cataluña y al músico Pep Ventura en un mito, reinventando su biografía y proscribiendo algunas sardanas inspiradas en zarzuelas y óperas de moda, proscritas sólo porque no encajaban en el discurso más purista del catalanismo”.
(Josep Playà Maset).
Así, la idealización de Pep Ventura se inicia con la “Historia del Ampurdán” (1883), de Pella y Forgas, y continúa con Verdaguer y su poema “El Empordà” (1884) –como una rueda de rosas y claveles girando bajo el sol-, y también en los elogios de Joan Maragall a la sardana.
A partir de entonces, las biografías sobre el músico siempre se han basado en la “imagen romántica de un campesino autodidacta, de infancia paupérrima que, por intercesión de la musa popular, se dedicó a recoger canciones tradicionales catalanas y a insertarlas –salvándolas así del olvido- a la sardana, una danza prehistórica que llegó al Ampurdán a través de griegos y fenicios”.
Igualmente, se tergiversa la música de Pep Ventura rompiendo cualquier vínculo con las músicas contemporáneas y vinculándola al antiguo folclore catalán. Pous i Pagès escribe:
“Desde el principio, el músico ampurdanés pagó también tributo a la chabacanería de la época, poniendo en ritmo de sardana los motivos de los operistas italianos más a la moda, pero ¿cómo podía liberarse, pobre músico aislado en un rincón del mundo, de rendir homenaje a lo que era tenido por indiscutiblemente superior, en opinión de las personas letradas?”.
Vemos, por lo tanto, como historiadores, poetas, literatos, hombres de cultura, se ponen al servicio del poder político nacionalista de la época, para crear e inventar señales identitarias para una Cataluña que se quiere modelar a su ideología preestablecida.
Así se deshace un mito, proceso de desmitificación:
La exposición “Pep Ventura antes del mito: cuando la sardana era un baile de moda” (2009), de Anna Costal, rompe con este discurso tradicional. Recupera la música de Ventura sin áureas míticas ni legendarias: partituras musicales como la “Sardana de la Sonàbula” que recoge fragmentos de una ópera de Bellini estrenada en Figueres el año 1866, y también de otras inspiradas en zarzuelas, como por ejemplo “La cançó del 6 d´octubre”.
Se presenta a Pep Ventura en el contexto de su época y, a ras de su biografía, superando la idealización a la que había sido sometido.
No-Folclore fosilizado:
Stanley Brandes considera que la sardana no puede entrar en la clasificación de folclore, ya qué los bailes folclóricos
“se aprenden y se transmiten de modo informal, no a través de clases organizadas, no gratuitas, patrocinadas, como sucede con la sardana. Así mismo, las danzas folclóricas experimentan una evolución indudable, a pesar de ser imperceptible... En cambio, la sardana ha quedado fosilizada desde hace un siglo en diversas variantes de una secuencia invariable, idealmente perfecta de movimientos. Ciertamente, este tipos de estandarización no es característico de ningún tipos de folclore, ni tan solo del baile”.
La sardana como “tradición inventada”:
Brandes cataloga la sardana como “tradición inventada”, concepto definido por Hobsbawm y Ranger (1986) como “conjunto de prácticas, normalmente regidas por una regla abierta o tácitamente aceptada y de tipos ritual o simbólico... que implica automáticamente la continuidad con el pasado”.
Pues bien, Brandes considera que, efectivamente, la sardana durante un siglo se elevó a un rango simbólico particular, representando una herencia comuna con “un pasado mítico mal definido”.
Y es que para Brandes tampoco se puede dar a la sardana origen helénico:
“Estos intentos de reconstrucción histórica son fútiles. El baile en corro es tan difundido, y la forma circular tan universal, que sería sorprendente que no se hubiesen inventado bailes en corro independientemente de muchos lugares y épocas. Actualmente, no disponemos de pruebas documentales ininterrumpidas que permitan remontar la sardana con la Grecia antigua. Por lo tanto, estas especulaciones tendrían que cesar”.
Conclusiones:
La sardana es un invento de mediados de siglo XIX. El nacionalismo de derechas del s.XIX busca la creación e institucionalización de nuevos mitos y nuevas tradiciones para una Cataluña moderna y soberana.
Se justifica así la invención de una sardana “tradicional”: un baile y una música de moda en aquel momento, con vínculos con la zarzuela y la opereta italiana, se somete a un proceso de mitificación por razones políticas e ideológicas, todo inventándose raíces antiguas y tradicionales. Deviene, así, en danza “nacional” de Cataluña.
Paralelamente, se fue construyendo y forjando el mito de Pep Ventura: idealización histórica, literaria y musical, tergiversándose conscientemente su imagen, hasta llegar a proscribir buena parte de su obra musical por “poco catalanista”.
Este proceso es el que algunos autores llaman “tradición inventada”: la necesidad de tradiciones que tiene la sociedad es lo que provoca su invención en las épocas de rápidas mutaciones socio-económicas o políticas, como fue la Revolución Industrial y la “Renaixença” a finales del s.XIX. Y es en este contexto –sin mitos ni leyendas- donde hemos de encontrar el origen y el sentido de la sardana.
¡Otro mito!
Podéis consultar aquí:
http://www.redacciodigital.com/redactors/redaccio01/08_09/sardana/html/el_mite.html
http://www.museuemporda.org/pdf/2009-07/pepventura.pdf
http://ferransala.com/?p=5132
http://www.arrakis.es/~enricang/literaria/ball/sardana.htm
http://www.funjdiaz.net/folklore/07ficha.cfm?id=513
Paradójicamente la sardana tiene tanta antigüedad en Cataluña como las sevillanas.
"A la hora de estudiar la sardana y su historia, es preciso tener en cuenta que lleva el mismo tiempo en Cataluña que las sevillanas. Puede extrañar de buenas a primeras, porque la sevillana siempre se ha acabado asociando al folclore andaluz. Pero el caso es que al igual que el flamenco, son músicas y bailes con larga trayectoria en el Principado" .
(redacciodigital.com)
Autor: Blog "Mites i mentides del nacionalisme català".
A l'enllaç podeu llegir l'article en català:
http://mitesimentides.wordpress.com/2010/05/19/la-sardana-folkclore-catala-d%e2%80%99arrels-hel%e2%80%a2leniques/