lunes, 2 de noviembre de 2009

El Somatén


La defensa contra malhechores: el Somatén

Integrado por almas nobles, ávidas de paz, orden y justicia, nacieron en Cataluña las gloriosas milicias, al devenir de los tiempos llamadas Somatén, que, sin pertenecer al Ejército, reuníanse a toque de campana para enmendar desmanes y fechorías.

Se desconoce la fecha de su primera actuación, si bien algunos vinculan su origen en el famoso Código conocido por los «Usatges de Barcelona» proclamado en tiempos de Ramón Berenguer I. Lo demostró durante su reinado. Entre otras importantes iniciativas convocó las Cortes de 1068, de las cuales emanó el primero de los Códigos, estableciendo el nuevo derecho de «Paz y tregua». Consecuencia de él fue, en la importante recopilación de leyes, el célebre «usatge»: «Princes namque», en virtud del cual el príncipe podía llamar a sus súbditos siempre que lo creyera necesario.


ORIGEN DEL SOMATÉN

En 1172, Alfonso I, que unió al título de Rey de Aragón el de Conde de Barcelona, convocó a príncipes, barones y señores del país a fin de que juraran la Constitución de Paz y Tregua; que, al igual que otra que se redactó más tarde en Barbastro, refleja indudable orientación hacia el Somatén vecinal.

También Pedro I promulgó varias Constituciones de Paz y Tregua; pero la que más concretamente revela el Somatén es la que consta en los anales de Jaime I el Conquistador. En efecto, el 15 de enero de 1257, el Rey con el obispo de Barcelona, Cabildo y demás prohombres de la ciudad, habida cuenta de los frecuentes robos y saqueos de que eran víctimas los labradores, ordenaron que todos los feligreses de las parroquias tuvieran en sus casas armas, ya fuesen ballestas, espadas, lanzas o cuchillos de grandes dimensiones, para defenderse de los malhechores.

Igualmente se ordenaba que todo perjudicado avisase a la vecindad emitiendo sonido, recayendo severas multas sobre aquel, que no acudiera a conjurar el peligro.

Tal pacto y otros merecieron el nombre de Sacramental, como los que establecieron los señores de castillos y terratenientes al armar a su gente para la defensa de sus propiedades y sus frutos. No obstante, estas Sacramentales no podían ser válidas sin la previa voluntad de los señores y el refrendo de la autoridad real. Tal se estableció en las Cortes de 1291, y así pasó a formar la Constitución II de «Sometent».

Notoriamente ventajoso resultó el benemérito pacto ya en tiempos de Jaime II, sobre todo en las regiones del Llobregat y del Valles. De ahí su progreso y que, perfectamente constituidos, se extendieran por todo Cataluña con juramento de la observancia de sus leyes, que prohibían emitir sonido contra el mismo señor o contra sus vasallos y labradores. En tal caso, ninguno era obligado a salir y sí a detener a su autor.

No se quería venganza de sangre, sino derecho de justicia, para la observancia de la cual se nombraron jefes con nombre de capitanes.

Tan magníficas organizaciones, fueron aprovechadas por algunos soberanos en defensa de la Patria. Así, Pedro IV, el Ceremonioso, levantó el Somatén contra Jaime de Mallorca, y el emperador Carlos V redactó una orden en virtud de la cual el Somatén debía seguirle no sólo contra los facinerosos, sino contra los enemigos de la Nación.

Reglamentado poco a poco, llegó a su más sólida madurez en tiempos de Fernando I, quien, en las Cortes de Barcelona, de 1413, definió el Somatén diciendo que fue instituido «para ejecución de justicia, castigo de crímenes y captura de malhechores». Por lo mismo, podía detenerlos en sagrado sin incurrir en excomunión y también en los castillos feudales con o sin permiso de sus nobles moradores.

El marqués de Lombai, duque de Gandía, (más tarde San Francisco de Borja) en su Virreinato de Cataluña se quejaba al emperador Carlos V, en 1541, de las cuadrillas de bandoleros que infestaban la comarca, reduciéndola a desorden y pobreza con sus desmanes. El remedio lo obtuvo del Somatén, que a través de su larga historia contó épocas de esplendor y otras de decadencia, si bien siempre cumplió la misión impuesta rivalizando por mantener al país con dignidad y justicia.

El somatén después de la guerra de sucesión fue abolido.
En el Decreto de Nueva Planta de la Real Audiencia del Principado de Cataluña, 1716, se puede leer:

“Por los incovenientes que se han experimentado
en los Sometenes, y juntas de gente armada, mando
que no haya tales Somtenes, ni otras juntas de gente
armada, so pena de ser tratados como sediciosos, los
que concurrieren, ò intervinieren”.

EL TAMBOR DEL BRUCH

Son numerosísimos los episodios en que el Somatén toma parte, destacando entre ellos las dos acciones del Bruch, mereciendo que el Conde de Toreno en su historia de la Guerra de la Independencia diga al escribir sobre la hazaña del Bruch:” Toca a los catalanes la gloria de haber sido los primeros en España, que postraron con feliz éxito el orgullo de los invasores”. Fue en efecto la victoria del Bruch la que antes que ninguna otra mereció ser calificada con tal nombre, y semejante triunfo, admirable en sus circunstancias, resonando por todo el Principado, excitó noble emulación en todos sus habitadores, declarándose a porfía los pueblos unos en pos de otros y denodadamente.

Las acciones del Bruch tuvieron lugar en 6 de junio y 14 del mismo mes del año 1808. En la primera acción, al dirigirse el general francés Schwartz con su división desde Martorell hacia Manresa, sabedores los somatenes de los planes del invasor, se tocó a somatén por todas las comarcas de Igualada, Manresa, Cervera y Solsona, para que todos los individuos que poseyeran arma se trasladaran al Bruch al objeto de impedir el paso del invasor.

Un poco más arriba del Bruch, en una revuelta de la carretera de Manresa, apostase el Somatén entre los bosques y los matorrales, y al aparecer la vanguardia de la división francesa, compuesta de coraceros de caballería, se rompió el fuego contra ellos, ocasionándoles numerosas bajas. El general francés ordeno de momento el repliegue de sus fuerzas, cargando luego sobre el enemigo invisible que de momento tuvo que retirarse a las alturas de Casa Massana, pero que luego al recibir nuevos refuerzos de gente armada, emprendieron la ofensiva al sonido del célebre tambor del Bruch, tocado por un muchacho, obligando a las tropas francesas a una retirada vergonzosa, durante la cual perdieron un cañón en la Riera de Cabrera. A esta acción concurrió la bandera de la Igualada, a la cual le fueron concedidos posteriormente honores de capitán general.

En la segunda acción instaláronse los somatenes en las alturas del Bruch, ocultando cuidadosamente las piezas, y al acercarse el enemigo le recibieron con fuego de fusilería, simulando luego una retirada para que se aproximara al sitio en que se hallaba la artillería, descargando sobre las fuerzas francesas gran cantidad de metralla. Desconcertado el general Cabrán, quedó durante algún tiempo sin saber qué partido tomar, pero luego dispuso un ataque violentísimo que fue admirablemente resistido por los Somatenes, teniendo que retirarse las tropas francesas, después de una lucha de cinco horas. Este glorioso hecho ha sido conmemorado con la conocida inscripción que dice:

Caminante, para aquí,
que el francés aquí paró;
y el que por todo pasó,
no pudo pasar de aquí.

Rumor de alarma, de alerta o de guerra es lo que, ante cualquier peligro de vandalismo o de ofensa a las Leyes patrias, reunía al glorioso Somatén, llamado de nuevo a su puesto de honor. Auxiliar inapreciable de la Justicia contra los bandoleros que infestaban las comarcas catalanas, ya vimos su afán y patriotismo en la guerra de la Independencia.


El somatén. Episodio de la guerra de la independencia. Ramón Martí Alsina

EL SOMATÉN EN EL SIGLO XX.

Suprimido temporalmente el Somatén por la I República de 1873 en 1875, terminada la última guerra civil carlista, pocos meses después de subir al trono don Alfonso XII, la existencia de multitud de gente maleante habituada a la vida de rapiña de ocasión hace que el ilustre general Martínez Campos ordene el levantamiento del Somatén en todo el antiguo Principado, organizando con carácter permanente el “Cuerpo de Somatenes de Cataluña”, puesto a las órdenes del general de brigada don Joaquín Mola y Martínez, primer subinspector o comandante general de dicho cuerpo.

La fecha de 1923 marcó un hito en la historia del somatén: el General Primo de Rivera instituye en todo el territorio nacional los Somatenes Armados de España, y los dota de una estructura moderna. También el general Primo de Rivera, en 1923, en su Manifiesto al país y al Ejército, decía: «Somos el Somatén de la legendaria y honrosa tradición española y como él traemos por lema: «Paz, Paz y siempre Paz»... Queremos un Somatén reserva y hermano del Ejército... Pero más lo queremos para organizar y encuadrar a los hombres de bien y que su adhesión nos fortalezca»...

Palabras y hechos, que demuestran cuan elevadísima opinión mereció en todo tiempo de los gobernantes, y el firme puntal de orden que fue primero de Cataluña y al devenir de los tiempos de todo el territorio nacional.

Al proclamarse la II República, sólo un día después, el 15 de abril de 1931 el Somatén es de nuevo disuelto.

Estalla la guerra civil, se instaura un nuevo régimen y no es hasta octubre de 1945 cuando vuelve a estructurarse, para ser definitivamente disuelto como banda armada en julio 1978. Por lo visto se alegaba para ello que esas funciones ya las desarrollaban el ejército y la policía.

Recogida de armas a los somatenes:

http://www.elpais.com/articulo/espana/GUARDIA_CIVIL/Recogida/armas/somatenes/elpepiesp/19781001elpepinac_16/Tes/


USOS Y COSTUMBRES DEL SOMATÉN BARCELONÉS.

Siempre que a la Corte del Veguer o del Consejo de Ciento llegaban noticias de fechorías o de agravios inferidos a la ciudad, era llamado el Somatén, que presurosamente reuníase en la Plaza del Blat o del Ángel; lugar al que debía acudir todo hombre apto para la armas, desde los veinte años. Quien desoyera la llamada quedaba degradado y sus bienes confiscados.

Espectacular resultaba su proclamación encomendada al Veguer, quien recorría con su Corte las calles más céntricas, parándose en cada plaza, donde mandaba leer el «usatge» «Princeps namque», a la luz de manojos de teas y hachones.

Terminada la lectura daba el grito de «¡Vía fora!», esto es afuera al campo a la calle. Grito al que la multitud contestaba con el de «¡Somatén!», corriendo de una a otra parte con luminarias. Inmediatamente se echaban al vuelo todas las campanas de la ciudad tocando arrebato, que acompañaban los particulares con esquilones y campanillas.

Asimismo se producían grandes humaredas si era de día, en torno a la ciudad, o gigantescas hogueras si era de noche, para aviso de los pueblos inmediatos que respondían con idéntica forma; propagando el rumor por aldeas, pueblos y montañas. A ese grito de alerta respondían todos los hombres en disposición de manejar un arma, concentrándose en Barcelona a fin de engrosar su Somatén.

Por su parte, el Veguer, acabado su recorrido, enviaba mensajes de aviso a toda la nobleza y demás hombres de pro para que acudieran con sus armas y vasallos al lugar de reunión.

Hecho esto, se dirigía al Ayuntamiento para deliberar con los Consellers y, una vez de acuerdo, se procedía a sacar la bandera de la ciudad, que en sus principios tuvo por divisa la cruz de San Jorge, colocada, sobre campo blanco, emblema de Barcelona, también llamada de Santa Eulalia, probablemente por su remate en el que figuraba un busto de la Santa labrado en plata.

Famosa resultó la bandera que Barcelona labró con la imagen de Santa Eulalia, pero más aún por las suntuosas ceremonias que el acto de alzarla requerían. Sacar y alzar la bandera era comprometerse a llevar a buen término la causa por la cual se levantaba. En modo alguno podía volver derrotada a la Casa de la ciudad. Sólo podía entrar vencedora. De ahí la grave responsabilidad que contraían sus defensores.

Hasta el siglo XV, el Veguer, era el abanderado; honor que más tarde correspondió al Baile y después a los consejeros. A partir de esta época, fue aún más imponente la ostentosa pompa que se desplegó. El Consejo de Ciento, con el Consejo llamado de los treinta y seis y el de los veinticuatro, que era una Junta de guerra, cuidaba de todos los requisitos. A son de trompetas recorrían calles y plazas convocando al Somatén, e invitábase a la nobleza para el acto, de alzar la bandera. Cuatro nobles la llevaban enrollada sobre sus hombros y el primer consejero marchaba detrás para manifestar que era él quien la sacaba. Seguían, acompañados de marchas, los demás consejeros, nobleza y jerarquías de todas las instituciones barcelonesas e inmenso público.

Tres días quedaba expuesta debajo una ventana del Ayuntamiento, adornada con dosel y colgaduras de terciopelo carmesí. Los guardianes de la enseña ciudadana velaban para que ni un solo pliegue pudiera entrar casualmente en la Casa, sin quedar plenamente resuelta la causa de su levantamiento. Junto a ella ardían profusión de antorchas y en la plaza cuatro grandes fogatas en señal de alarma y demostración de respeto. Pasados los tres días era trasladada con lujoso cortejo a la puerta de la ciudad, por la que había de salir el Somatén en el cumplimiento de su misión.

Muchas y nobles hazañas se cuentan de las antiguas milicias de Cataluña, armadas en defensa de la paz, cuyo lema supieron en todo tiempo briosamente consolidar.

Pau, pau i sempre pau!


1 comentario:

febuangulo@noruega.com dijo...

Me gustó mucho este artículo sobre el Somaten...Es lo que hace falta a los pueblos para defenderse de los ataques de la delincuencia...sin cohecion social contra el hampa estamos perdidos!!!